Espectadores

Nueva York. En un futuro cercano. Una sala de cine es asaltada por terroristas. Como otros espectadores, una joven será fríamente asesinada. Su alma en pena vagará por la ciudad observando las miserias humanas (ambición, violencia, sexo...) junto a Sam. Ninguno puede interactuar con los vivos. El cómic ‘Espectadores’, escrito por Brian K. Vaughan, explora una suerte de voyerismo fantasmal ante la tragedia humana.
30 septiembre 2026
<p>Parte de la portada del cómic ‘Espectadores’. Foto: Planeta Cómic.<p>

Parte de la portada del cómic ‘Espectadores’. Foto: Planeta Cómic.

Ceuta. Hoy en día. La frontera es cruzada ilegalmente por miles de personas, principalmente marroquíes, que toman playas, colinas y barrios aledaños. Los ceutíes están aterrados ante la creciente inseguridad: robos, altercados, denuncias de violaciones, enfermedades infecciosas, degradación del espacio urbano, daños a la fauna y flora… Algunos policías y soldados denuncian haber recibido consignas restrictivas de no actuar que, a su juicio, limitan su capacidad operativa y los dejan desprotegidos.

Ficción y realidad como sinécdoque de la pasividad de una sociedad absorta ante la depravación, la crueldad y la corrupción. Escenarios apocalípticos plagados de personas transformadas en meras observadoras, incapaces de sentir conexión emocional alguna con las víctimas.

Asistimos, atónitos, a lo que muchos percibimos como un ejercicio de decadencia institucional. Cada escándalo parece taparse con uno nuevo. Cada línea roja se ve superada por otra más grave. Que las cloacas del Estado hubieran podido —según ha trascendido en una investigación judicial aún en curso— contratar a sicarios para amedrentar a jueces superaría, de confirmarse, cualquier historia novelada sobre crimen organizado.

El ciudadano anónimo corre el riesgo de adoptar el papel de los fantasmas de Brian K. Vaughan: mirones que consumen, a través de medios, plataformas y  redes sociales, un aluvión de noticias sobre presuntas fiestas con prostitutas en paradores nacionales en plena pandemia, supuestas mordidas, contratos bajo sospecha, denuncias de manipulación de censos, de votos, de encuestas, filtraciones de sumarios judiciales y acusaciones —aún no resueltas— de hostigamiento a magistrados, testigos o periodistas.

La actualidad se convierte en un cómic de consumo masivo donde la moral pública queda diluida a cambio del entretenimiento informativo. La inmediatez impone un relato en el que noticias de menor calado —un falso cabestrillo, un penalti discutido en un partido de fútbol— se entremezclan con hechos de una gravedad muy distinta: un disparo a bocajarro en la cara a un político en pleno centro de Madrid o un accidente ferroviario con víctimas mortales por, parece falta de mantenimiento de las vías. Las nimiedades conviven, en el mismo flujo informativo, con la demolición de la democracia en riguroso directo. Este giro de guion no lo esperábamos…

En la realidad, como en el cómic editado en España por Planeta, cabe preguntarse si la sociedad no se está anestesiando ante ciertos hechos. ¿Te pillan en una mentira? ¡Es un cambio de opinión! ¿No te gusta una ley? ¡La reinterpretas a tu conveniencia! Estos son mis principios y, si no os gustan… ¡tengo otros!


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Se discute sobre el Estado de Derecho en el Parlamento y en tertulias televisivas, a menudo con los mismos manidos argumentos y lugares comunes. Las Noches de Ortega es crónica social. La Asociación Imaginaria de Parodistas y Satiristas de España (PISE, por sus siglas disléxicas) de Daniel Gascón insiste en que sigue disuelta y que las noticias aparecidas en prensa no son sketches de ninguno de sus miembros.

Tanto el Nueva York ficticio ilustrado por Niko Henrichon como la Ceuta actual dibujan, con lapiceros de tonos granulados, un escenario donde algunas libertades individuales parecen diluirse. En ambas narrativas se respira la sensación de un fin de ciclo, de un desmoronamiento de los pilares que sostienen el orden social: las leyes, la justicia y la seguridad en el mundo real; la propia condición humana en el tebeo. Mientras tanto, el Gobierno, ajeno al interés general, actúa con total impunidad a la vista de todos.

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