El hambre mística del capitalismo

De Murakami a la economía actual: el cortoplacismo financiero, la explotación de los recursos y la corrupción alimentan un vacío difícil de saciar. La RSC puede ayudar a recuperar el equilibrio.
2 septiembre 2026
El hambre mística del capitalismo

Nuevo ataque a la panadería es una de las historias de Haruki Murakami, que convierte un atraco absurdo en una fábula sobre el deseo, el vacío y la necesidad de recuperar el equilibrio.

Hace diez años, un atraco surrealista desencadenó una maldición que pesará sobre un hombre e infectará también a su desconcertada esposa. Una wagneriana hambre mística les obligará a asaltar un McDonald’s para romper el hechizo, saciar un apetito destructivo y, tras superar la extraña sensación de vacío, recuperar el equilibrio en sus vidas.

La historia, adaptada al cómic por Jean-Christophe Deveney y Pierre Marie Grille Liou, acentúa el cruce entre lo onírico y lo caricaturesco: desapariciones, viajes interiores y dimensiones paralelas como metáforas del inconsciente se entremezclan con el feísmo y la exageración. La garra y expresividad del dibujo recuerdan a Miguel Mihura, nuestro genio del humor absurdo: situaciones incoherentes, lógicas distorsionadas y rupturas argumentales que ridiculizan la hipocresía de las convenciones sociales y el peso de las apariencias.

En Mihura y Murakami hay una poesía melancólica, agridulce y desoladora que retrata la frustración individual ante las imposiciones de la sociedad. La subversión del lenguaje rompe con la retórica lineal tradicional mediante diálogos disparatados, de apariencia profunda. La oposición entre mundos irreconciliables enfrenta la libertad, la bohemia y la imaginación con la rutina, las obligaciones opresivas y el conformismo.

El relato lo podemos traer a nuestros días. La economía moderna se apoya a menudo en mantras: competitividad, trabajo en equipo, Producto Interior Bruto (PIB), meritocracia o cumplimiento formal de la ley. Sin embargo, esas categorías no bastan para medir cómo se distribuyen el progreso, la salud y el bienestar.

Con frecuencia, ignoramos el valor de los cuidados familiares, de los ancianos, de los enfermos y de las personas con discapacidad. Hacemos oídos sordos al despilfarro de recursos y al impacto negativo de prácticas habituales, como conducir cuando podemos caminar, compartir vehículo o utilizar el transporte público.


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Tampoco contabilizamos el perjuicio de una rivalidad permanente, un juego de suma cero en ocasiones, frente al efecto multiplicador de las alianzas y la colaboración. A ello se suman las consecuencias del estrés y de las situaciones límite derivadas de objetivos disparatados, las reuniones interminables, burocráticas y rígidas, o la dilución de la responsabilidad en enmarañados organigramas. Por no hablar de la colonización de las instituciones por parte de gobiernos corruptos, en beneficio de familiares, allegados y acólitos.

La responsabilidad social corporativa (RSC), entendida no como un mero recurso reputacional sino como una práctica de gestión vinculada a la gobernanza, la materialidad y el impacto, puede contribuir a corregir parte de esos desequilibrios. No transforma por sí sola las anomalías sistémicas, ni sustituye a unas instituciones sólidas o a unas políticas públicas eficaces, pero reclama un espacio necesario.

La RSC puede ayudar a transformar un círculo vicioso en virtuoso: la economía circular, la gobernanza y la ética sustituyen la explotación de recursos por la regeneración; la miopía financiera, por una visión global; y las corruptelas, por el bien común.

En Nuevo ataque a la panadería, un vacío insaciable —el hambre— desasosiega a los protagonistas hasta que realizan un acto radical que restablece el equilibrio. En el capitalismo, los fallos de la economía de mercado y la corrupción de las administraciones públicas pueden operar como esa ‘hambre mística’.

La RSC puede ser una herramienta de gestión estratégica para contener ese desequilibrio y evitar que se convierta en colapso.

Los personajes de Murakami son solitarios que no encuentran su lugar en el mundo. También los agentes económicos —empresarios, trabajadores, consumidores y políticos— pueden vivir como en un sueño, atrapados en una maldición que debe romperse: el cortoplacismo financiero. La RSC puede ayudar a transformar un círculo vicioso en virtuoso: la economía circular, la gobernanza y la ética sustituyen la extracción y la explotación de recursos por la regeneración; la miopía financiera, por una visión global y de largo plazo; y la degradación moral asociada a amaños, sobornos, cohechos y corruptelas, por la búsqueda del bien común.

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