La jungla mediática

No hay que investigar mucho para darse cuenta de que el ecosistema informativo mundial, y por tanto el español, se ha convertido en una selva.
9 septiembre 2026
La jungla mediática

Hasta hace unas décadas –siempre sitúo el cambio en enero de 2007, cuando Steve Jobs lanzó el primer iPhone–, teníamos un modelo informativo estructurado –con sus defectos, pero estructurado–: unas empresas que se dedicaban profesionalmente a las noticias –escritas, en audio o en audio y video– eran las que distribuían la información a los ciudadanos. Y lo único que hacían los ciudadanos era recibirla, con todo lo que ello conlleva. En una sociedad democrática, esos ciudadanos tenían la posibilidad de buscar aquellas empresas informativas que quisieran y la facultad de elegir una u otra según le viniera en gana.

Así, la empresa informativa tiene la responsabilidad de cooperar y velar para que llegue a la sociedad ese derecho a libertad de información. Es el canal que ayuda a los ciudadanos a canalizar el derecho fundamental a la libertad de expresión y a la información. Esa función no corresponde ni a las redes sociales, ni a los denominados creadores de contenidos, ni a los influencers.

Quizá el ejemplo de esto más comentado en la historia del periodismo sea la conversación entre la editora –la dueña– del Washington Post, Katharine Graham, y el director del diario, Ben Bradlee, sobre la conveniencia o no para el periódico, para la empresa y para el pueblo estadounidense de hacer públicos los denominados ‘Papeles del Pentágono’, que revelaban cómo cuatro administraciones de EE. UU. habían mentido sistemáticamente sobre la escalada de la guerra de Vietnam y sus escasas posibilidades de éxito. Publicar los papeles podría llevar al cierre del periódico, pero Graham puso en peligro la supervivencia del Post –y de la empresa familiar– y decidió publicar esos documentos porque su responsabilidad como editora de un medio de información le llevó a considerar necesario que los conociera la sociedad estadounidense.

Son tiempos pretéritos y el mismo Washington Post sirve ahora para constatar esa dejación de responsabilidades de muchos medios informativos. Desde 2013, el Post pertenece a Jeff Bezos y, aunque en unos primeros años el dueño de Amazon mantuvo al periódico con una línea editorial independiente, desde la llegada de Trump, sobre todo en este segundo mandato, ha quitado poder a la redacción reduciendo personal y eliminando secciones y también intervino para bloquear el apoyo del periódico a Kamala Harris en las elecciones de 2024, acercando el Post a los postulados del poder, en una clara dejación de responsabilidades.

La Universidad de Navarra acaba de publicar la versión española del Digital News Report 2026 (DNS 2026) que el Instituto Reuters y la Universidad de Oxford realizan para 48 países. Es un muy buen estudio para analizar el panorama de la información y para concluir que, hoy más que nunca, es crucial machacar el concepto de responsabilidad social de la empresa informativa y que esa responsabilidad debe abarcar todos los procesos, desde la generación de los contenidos, hasta la admisión de publicidad, pasando por la transparencia en la toma de decisiones.

En primer lugar, el DNS 2026 afirma que estamos ante “un mercado fragmentado, polarizado y lleno de paradojas donde conviven viejas rutinas analógicas con algoritmos de inteligencia artificial e influencers”. El informe señala que solo un 33% de la ciudadanía afirma fiarse de las noticias en general, frente a un 39% que desconfía abiertamente, y constata que el acceso a la información en España es “cada vez más indirecto y mediado por terceros”.


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La televisión se mantiene como la principal referencia informativa para el 41% de la población, seguida por las redes sociales (24%) y los medios digitales (21%). “Una de las grandes transformaciones del mercado es la consolidación de los creadores de contenido e influencers como intermediarios informativos. Un 40% de la audiencia española consume noticias a través de estos perfiles: un 23% mediante creadores especializados en actualidad y un 24% a través de perfiles generalistas de humor, viajes o estilo de vida que abordan la actualidad de forma incidental

Todo ello crea una especie de caos informativo. En 2026, la preocupación por no saber distinguir lo verdadero de lo falso en internet alcanza un máximo histórico del 74%  de los entrevistados. Lo alarmante, señala el DNS 2026, es que este recelo ha dejado de ser exclusivo de colectivos politizados y se ha extendido de forma transversal hacia todos los sectores sociales. “A esta crisis de veracidad se le suma el escepticismo sobre la independencia de los profesionales. Un abrumador 70% de los españoles considera que los gobiernos y partidos políticos condicionan la cobertura informativa, mientras que un 65% señala a los dueños de los medios y un 55% a las empresas anunciantes.

En este maremágnum en el que la información llega al ciudadano sin filtrar y desde todos los ámbitos posibles, es más necesario que nunca una apelación a la responsabilidad social de los que consideramos medios de comunicación estructurados. Se trata de que, al menos, la sociedad pueda tener un agarradero al que asirse, un terreno firme en el que asentarse ante la volatilidad de opiniones e información descontroladas. Es lo que se propone el Observatorio de Medios e Información Responsable impulsado por la Fundación Haz, de la que depende esta revista, y el think tank Ethosfera. Una iniciativa que merece la pena apoyar.

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