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Sanidad publica una guía con pautas para un uso responsable de la IA
La inteligencia artificial ya forma parte de numerosos procesos sanitarios, desde el análisis de imágenes médicas hasta la predicción de riesgos o el apoyo a la toma de decisiones clínicas. Sin embargo, su avance también plantea nuevas preguntas sobre seguridad, protección de datos y responsabilidad profesional. ¿Quién responde si una herramienta de IA se equivoca en una consulta?
Para dar respuesta a estos retos, la Secretaría General de Salud Digital, Información e Innovación del Sistema Nacional de Salud ha publicado una guía técnica dirigida a los profesionales que seleccionan, supervisan o utilizan herramientas de inteligencia artificial en el ámbito sanitario. El documento establece pautas para integrar estas soluciones con garantías, reforzando la idea de que la IA debe ser una herramienta de apoyo, pero nunca un sustituto del criterio clínico.
Uno de los puntos clave de la guía es la responsabilidad legal. Al no tener personalidad jurídica, la inteligencia artificial no puede asumir la responsabilidad de una decisión. Por ello, el documento recuerda que los profesionales sanitarios y las instituciones deben conocer las limitaciones de estas herramientas, supervisar sus resultados y documentar las decisiones adoptadas cuando se apoyen en sistemas de IA. En determinados casos, también podría existir responsabilidad del fabricante o proveedor si se demuestra un defecto técnico.
“La incorporación de la inteligencia artificial a la práctica sanitaria abre nuevas posibilidades para mejorar y agilizar determinados procesos, pero también plantea la necesidad de establecer criterios claros sobre cómo y cuándo deben utilizarse estas herramientas. Esta guía supone un paso importante para avanzar hacia una integración de la IA que combine innovación, seguridad y responsabilidad profesional”, señala Ruth Cuscó, directora gerente de ASHO.
La guía también insiste en que los profesionales deben revisar y contrastar las recomendaciones generadas por IA antes de incorporarlas a la práctica asistencial. Si una herramienta ofrece una respuesta que contradice el juicio médico o la evidencia disponible, debe prevalecer siempre la seguridad del paciente. En esos casos, el profesional debe poder cuestionar el resultado, documentar la discrepancia y rechazar la recomendación si lo considera necesario.
“La IA puede ayudar a procesar información y agilizar determinados procesos sanitarios, pero el profesional debe mantener en todo momento la capacidad de revisar, cuestionar y, cuando sea necesario, rechazar el resultado generado por la herramienta”, añade Cuscó.
Otro de los aspectos relevantes es la protección de los datos personales y clínicos. El documento advierte de que no deben introducirse datos identificables de pacientes en herramientas que no estén autorizadas para uso sanitario o que no ofrezcan garantías suficientes en materia de seguridad y privacidad.
Desde ASHO, la publicación de esta guía se interpreta como un paso necesario para avanzar hacia una incorporación responsable de la inteligencia artificial en el sistema sanitario. La tecnología puede contribuir a mejorar procesos, reducir cargas administrativas y facilitar el trabajo de los profesionales, pero su valor dependerá de que se utilice dentro de un marco claro de supervisión, seguridad y responsabilidad.
