Manzanas del Cuidado: un modelo pionero que dignifica a las mujeres que cuidan

Bogotá ha convertido el cuidado en política pública y ha creado un modelo para reconocer el trabajo no remunerado, y muchas veces invisible, de las mujeres que cuidan. En estos espacios pueden estudiar, hacer actividad física, darse un respiro y aprender a valorarse. La iniciativa ya se replica internacionalmente.
<p>Las 27 Manzanas del Cuidado que existen en Bogotá son espacio pensados para cuidar a quienes cuidan. Foto: Secretaría Distrital de la Mujer.<p>

Las 27 Manzanas del Cuidado que existen en Bogotá son espacio pensados para cuidar a quienes cuidan. Foto: Secretaría Distrital de la Mujer.

Adelaida Castiblanco tiene 48 años, tres hijas y una certeza: lo que hace todos los días, lavar, cocinar, limpiar, criar sola, es trabajo no reconocido. La manicurista es una de los 1,2 millones de mujeres de Bogotá que dedican parte de su día al trabajo doméstico y de cuidado no remunerado. Durante años, esas tareas limitaron sus posibilidades de estudiar, trabajar y disponer de tiempo para sí misma. Hasta que encontró un espacio pensado para cuidar a quienes cuidan.

Como Adelaida, muchas mujeres lavan, planchan, cocinan o cuidan de niñas y niños, de personas mayores o con discapacidad. Estas actividades imprescindibles para sostener la vida recaen de manera desproporcionada sobre ellas. En Bogotá, las mujeres destinan en promedio 5 horas y 30 minutos diarias a estos trabajos; los hombres, 2 horas y 19 minutos. Muchas ni siquiera registran que eso que hacen desde hace años es un trabajo: se asume como un rol natural que les toca. Y para sostenerlo sacrifican educación, ingresos, vida social, ambiciones. Antes de darse cuenta, ya son mayores y no queda tiempo para vivir la vida que habían soñado.

Adelaida empezó a reconocerse como cuidadora en 2022, cuando llegó a la Manzana del Cuidado de Los Mártires, un perímetro urbano caminable que articula servicios gratuitos para las personas cuidadoras y para quienes están a su cargo. Las Manzanas del Cuidado forman parte de una política pública con reconocimiento internacional. La primera se inauguró en octubre de 2020 en Ciudad Bolívar, un distrito pobre y muy poblado al sur de Bogotá. Desde entonces, este modelo se convirtió en la forma principal en la que el Sistema Distrital de Cuidado llega a los territorios.

Cada Manzana del Cuidado está conformada por un equipamiento ancla, una edificación pública o privada que reúne y ofrece servicios sociales de varias entidades; equipamientos complementarios, que fortalecen y amplían la oferta de servicios, y un espacio público, que conecta las viviendas de las mujeres y personas cuidadoras con los distintos servicios que se ofrecen en el territorio. “Las Manzanas del Cuidado no son solo un edificio sino un perímetro donde las mujeres encuentran los servicios para la garantía de sus derechos en un espacio caminable de 20 minutos”, describe Ana María Buriticá, directora de Gestión de Conocimiento de la Secretaría Distrital de la Mujer. En ese espacio entran parques, casas culturales, juntas de acción comunal y centros de salud entre otros.

El modelo nació con cuatro componentes. El de respiro y bienestar ofrece actividades físicas o recreativas a las que estas mujeres casi nunca acceden, desde aeróbicos hasta aprender a montar bicicleta. El de formación permite, por ejemplo, terminar el bachillerato en articulación con la Secretaría de Educación, o certificar saberes y hacer cursos con el Servicio Nacional de Aprendizaje. El de empleabilidad y generación de ingresos incluye orientación laboral, fortalecimiento del perfil para buscar empleo y talleres de finanzas o formalización de emprendimientos. El cuarto es la transformación cultural: mediante talleres como A cuidar se Aprende y la Escuela Hombres al Cuidado, se reflexiona sobre la distribución de estas tareas. La meta es que el cuidado deje de recaer casi exclusivamente sobre las mujeres.

Hay además cuatro criterios que ordenan el funcionamiento cotidiano: proximidad, flexibilidad horaria, atención en dupla y simultaneidad. Este último significa que la cuidadora y la persona a la que cuida pueden asistir al mismo tiempo, cada una a su actividad. Esa simultaneidad es lo que democratiza el acceso: sin ella, muchas mujeres simplemente no podrían asistir.

“Las Manzanas del Cuidado no son solo un edificio sino un perímetro donde las mujeres encuentran los servicios para la garantía de sus derechos en un espacio caminable de 20 minutos”, Ana María Buriticá (Secretaría Distrital de la Mujer).

Adelaida terminó en la Manzana el bachillerato de forma gratuita. Antes, yo no salía de casa, por dedicarme a mis hijas”, recuerda. Ahí, empezó a estudiar: iba tres o cuatro días por semana. Cuando se graduó, siguió asistiendo a las clases de actividad física. “Estar ahí era un momento para mí, para distraerme con otras mujeres”, agrega.

La Manzana del Cuidado a la que asiste Adelaida es un espacio público gratuito en Bogotá diseñado para atender a las personas cuidadoras de los barrios Santa Fe y Samper Mendoza. Su entidad ancla principal funciona en El Castillo de las Artes, un antiguo espacio de explotación sexual transformado hoy en un centro de cultura, memoria, arte y respiro. Allí, por ejemplo, se instalaron lavanderías comunitarias para ayudar a las cuidadoras con estas tareas mientras hacen alguna actividad.

Cómo se diseñó la solución

Cuando en 2020 Bogotá, una ciudad colombiana de 8 millones de habitantes analizó su encuesta de uso del tiempo, el diagnóstico mostró las condiciones de vulnerabilidad de los 1,2 millones de mujeres que dedicaban parte de su día al trabajo de cuidado no remunerado. De ellas, el 30% no había terminado el bachillerato, el 90% tenía bajos ingresos y el 20% padecía enfermedades crónicas.

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El Sistema Distrital de Cuidado reorganizó la infraestructura pública existente para centralizar la atención en diferentes barrios de Bogotá. En la imagen, Manzana del Cuidado de El Camino-Engativá.

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Más allá de los servicios, estos espacios funcionan como lugares seguros para combatir la soledad y crear redes de apoyo.

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Las evaluaciones muestran que las usuarias mejoran su autoestima y dedican más tiempo a hacer deporte o socializar.

El movimiento feminista ya venía expresando la necesidad de tener un sistema de cuidado. El 1 de enero de 2020, Claudia López se convirtió en la primera alcaldesa electa de la ciudad y se comprometió a crear el Sistema Distrital de Cuidado, liderado por la Secretaría Distrital de la Mujer. La apuesta se ordenó en torno a tres objetivos: reconocer el trabajo de cuidado no remunerado, redistribuirlo entre Estado, comunidad, mercado y hogares, y reducir la pobreza de tiempo y la pobreza económica de las mujeres que lo realizan.

Las Manzanas del Cuidado fueron una pata dentro del Sistema Distrital de Cuidado. “En 2020 se realizó un mapeo de todos los edificios disponibles de la ciudad”, cuenta Buriticá. Sobre ese mapeo, con apoyo del Banco Mundial, se elaboró un índice de priorización para decidir dónde abrir cada Manzana. Ninguna de las primeras 20 se construyó sobre infraestructura nueva. La ciudad reorganizó equipamientos públicos existentes para que sirvieran a este objetivo.


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El día a día de las Manzanas del Cuidado

Carolina González Moreno lidera la Estrategia Territorial y supervisa el funcionamiento de las 27 Manzanas que operan en la ciudad. Los servicios son gratuitos y no tienen muchos requisitos. “Para participar no se piden documentos. Ellas ya saben el horario, solo llegan”, explica. Las franjas van de 8 a 11 y de 14 a 17, de lunes a viernes, con actividades también los sábados. En cada edificio hay una coordinadora que hace recorridos puerta a puerta para convocar a las mujeres que viven alrededor.

González Moreno identifica un rasgo común entre las cuidadoras: la soledad. “Hay mujeres que se dedican 100% al cuidado, no solo de personas sino de lo doméstico. Están en la casa y su única salida en el día es ir a la tienda del barrio”. Por eso, la primera tarea de las coordinadoras es la escucha. “Históricamente, la institucionalidad colocó muchas barreras y la gente dejó de creer. Las Manzanas dan una respuesta activa y eso genera confianza institucional. Las cuidadoras empiezan a ver a este espacio como sus segundas casas”, explica.

Sobre su experiencia, Adelaida expresa: “Uno aprende a valorarse y a quererse. Quiero seguir estudiando”.

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El modelo ofrece servicios de formación que permiten a las mujeres certificar saberes o terminar el bachillerato de forma gratuita.

Hay un componente social que también es importante en las Manzanas. “Se posicionaron como espacios seguros para las mujeres, donde encuentran un tejido social y una red de apoyo”, dice Buriticá Alzate. Adelaida lo confirma: “Ahora, me invitan a cumpleaños o eventos”. También, ella cuenta que le gusta ir para ayudar a otras personas.

Ese carácter de espacio seguro tiene un anclaje concreto en las duplas psicojurídicas, una psicóloga y una abogada que atienden juntas. La evaluación oficial del sistema encontró que la atención conjunta evita la revictimización y que muchas mujeres llegan a consultar por un trámite, como la sucesión de una vivienda, y en el camino se detecta que son víctimas de violencia.

Para llegar donde el modelo fijo no alcanza, el sistema sumó dos estrategias. La de cuidados comunitarios es la que reconoce y fortalece a las organizaciones sociales y redes barriales que ya cuidan en sus territorios y las articula con la oferta pública. La de cuidados itinerantes es la que traslada los servicios a zonas rurales o urbanas de difícil acceso. Dentro de esta última funcionan los Buses del Cuidado: vehículos equipados que llevan atención psicosocial y jurídica, formación, orientación laboral y actividades de bienestar, mientras ofrecen acompañamiento a niñas y niños, personas mayores o con discapacidad. Comenzaron a recorrer la ciudad en 2021 con financiamiento de Open Society y la Fundación Barco.

Buriticá Alzate  también es responsable de alianzas con la cooperación internacional. “Este apoyo nos permite impulsar nuevos pilotos y nuevas iniciativas. El Banco Mundial nos ayudó a hacer un índice de priorización inicial de Manzanas. La Agencia Francesa de Desarrollo contribuyó para desarrollar el sistema de información del sistema. Si bien nosotros estamos poniendo bastantes recursos propios, la cooperación internacional ha sido muy importante en ese ejercicio de documentar, aprender y escalar las soluciones”, explica.

Manzanas del Cuidado: un modelo pionero que dignifica a las mujeres que cuidan

Los Buses del Cuidado llevan atención psicosocial, jurídica y de bienestar a las zonas rurales o de difícil acceso de Bogotá.

Los resultados del modelo

Desde su creación, el sistema atendió a más de 800.000 personas. Solo en el balance de 2025 se registran más de 297.000 personas atendidas, 162.000 de ellas en las Manzanas del Cuidado, 3.455 mujeres en procesos de formación y más de 11.200 orientaciones jurídicas y psicosociales. La meta de la ciudad es llegar a 45 Manzanas en 2035.

En 2023, la Secretaría Distrital de Planeación encargó una evaluación independiente del sistema, adjudicada por concurso público a la Unión Temporal Economía Urbana y Fedesarrollo, un centro de investigación económica y social. Según el informe, el impacto más destacado del modelo se ve en el bienestar. Las mujeres que asisten a las Manzanas dedican en promedio 17 minutos diarios más a practicar deporte, bailar o hacer yoga, y ocho minutos más a asearse y arreglarse, un dato que la evaluación lee como señal de autoestima recuperada. Un 5% más participa en cursos artísticos, académicos o deportivos. Y hay siete puntos porcentuales más de mujeres que se declaran felices o muy felices. Se observa que cae de manera significativa la creencia de que las mujeres tienen un don natural para los oficios domésticos y la de que la cabeza del hogar debe ser un hombre.

La misma evaluación muestra lo que el modelo todavía no logra. De las tres R (reconocer, redistribuir y reducir) que ordenan el sistema, la tercera es la que no aparece: no se encontró reducción del tiempo que las mujeres dedican al trabajo doméstico. El componente cualitativo revela que muchas hacen lugar a los servicios a costa de su propio descanso: se levantan más temprano o se acuestan más tarde para poder ir a la Manzana. Es decir, ganan un tiempo para estudiar, hacer ejercicio o encontrarse con otras mujeres, pero la carga no necesariamente se comparte dentro del hogar. La escasa participación de los hombres ayuda a explicar por qué el bienestar mejora sin que se reduzcan de manera equivalente las horas de cuidado.

Según el informe, la principal fortaleza del sistema es la calidad técnica y humana de sus equipos. Ese personal reporta sobrecarga de trabajo sin prácticas institucionalizadas de autocuidado.

Sobre los límites de la iniciativa, Eloisa Cardona, project manager de Change (City Hub and Network for Gender Equity) observa: “Los cuidados son un tema tan complejo que no alcanza con un modelo territorial. Hacen falta legislación laboral, trabajo con el gobierno nacional y programas complementarios”. Change es una red de 18 ciudades por la equidad de género de la que forma parte Bogotá.

800.000
personas han atendido las Manzanas del Cuidado

de Bogotá desde 2020. La meta es llegar a 45 Manzanas en 2035.

El modelo escaló en distintas direcciones. En 2023 Colombia creó el Sistema Nacional de Cuidado, con Bogotá como antecedente directo. También, la ciudad trabaja de cerca con los sistemas de Cali y Medellín. Ganó el premio Urban Visioning 2024 de Bilbao como SDG Champion. Solo en 2025 recibió más de 70 delegaciones nacionales e internacionales. Entre las visitas, se encuentran referentes de Brasil, Chile, Sierra Leona, Estados Unidos, Dinamarca y Suiza, así como de entidades multilaterales como ONU Mujeres, Banco Mundial, el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, y Bloomberg Philanthropies.

“Siempre la pregunta es: ¿cómo hicieron para ponerse todos de acuerdo?”, cuenta Buriticá. Una clave fue convertir la coordinación en una estructura estable: la Secretaría Distrital de la Mujer asumió la gobernanza, se creó una comisión intersectorial y un convenio administrativo fijó los compromisos de las entidades. A partir de allí, cada Manzana se organiza mediante acuerdos específicos sobre los servicios y equipamientos que aporta cada organismo. La articulación entre más de 14 entidades se sostuvo, además, con voluntad política y una meta común.

Cardona, que antes trabajó en la administración bogotana que diseñó el sistema, señala: “Las Manzanas del Cuidado han recibido tanta atención internacional porque son una innovación social”.

Las Manzanas viajan a Freetown

En el marco de la red Change, Yvonne Aki-Sawyerr, alcaldesa de Freetown (Sierra Leona), y Claudia López compartieron experiencias. A partir de ese intercambio, Aki-Sawyerr vio en las Manzanas una pieza clave para su plan Transforming Freetown. “Lo que tomaron de Bogotá fue el enfoque de poner la mirada en las personas que proveen cuidados para solucionar su pobreza de tiempo”, explica Cardona.

La adaptación empezó en 2023 en Susan’s Bay, uno de los asentamientos informales más grandes de Freetown. La primera lección fue que la comunidad manda. Las cuidadoras rechazaron la idea original de usar un centro comunitario existente porque necesitaban más privacidad. “Tuvimos que volver atrás, rediseñar la estrategia y conseguir un terreno nuevo para construir”, cuenta Adama Koroma, gerenta del proyecto Freetown Caring City. A diferencia de Bogotá, que reorganizó infraestructura existente, Susan’s Bay casi no tenía equipamientos previos.

Mientras se termina el edificio, la Manzana ya funciona en dos sedes temporarias. Fueron las propias cuidadoras quienes priorizaron los servicios mediante un diagnóstico: eligieron educación financiera (la mayoría se dedica al comercio), capacitaciones sobre violencia de género, alfabetización de adultas y yoga, que es la clase más concurrida. Recientemente sumaron la Man Care School, enfocada en transformar las masculinidades y que ya reúne a unos 25 hombres.

El proyecto ya registró a más de 1.000 cuidadoras y unas 250 ya accedieron a alguna propuesta. “Nunca fueron parte de un programa que diga: solo queremos que te relajes”, señala Koroma, destacando cómo el espacio también ha servido para tejer nuevas amistades entre las vecinas.

El modelo de Freetown está en su punto de partida. Con la inauguración del edificio, incorporarán el servicio de guardería, clave para que las mujeres tengan un momento real para ellas. Sin embargo, el gran desafío es institucional: Freetown no cuenta con una secretaría de la mujer que sostenga la gobernanza como en Bogotá. Por ello, el municipio evalúa crear una oficina de cuidado y estudia esquemas de sostenibilidad para absorber los costos operativos.

Como referente de Change, Cardona concluye que replicar la Manzana no debe verse como un paquete cerrado: “Existen alternativas intermedias. Se puede ir armando de forma modular, servicio por servicio”.

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