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El aire contaminado afecta a dos tercios de la población española, según un estudio
Ecologistas en Acción ha presentado su informe anual sobre la calidad del aire en España, elaborado a partir de los datos recogidos en 780 estaciones oficiales de medición repartidas por todo el país, incluidas las situadas en los principales aeropuertos y puertos estatales. El estudio analiza la evolución de los principales contaminantes atmosféricos por comunidades autónomas y concluye que la contaminación del aire repuntó, especialmente por el efecto combinado del cambio climático y el aumento de la combustión de petróleo.
Según el informe, el año analizado –2025– fue húmedo y el tercero más cálido registrado en España desde al menos 1961. Las olas de calor registradas en junio-julio y agosto favorecieron un aumento significativo de las concentraciones de ozono, que alcanzaron sus niveles más altos desde 2015 y recuperaron valores previos a la pandemia. Además, la ola de incendios forestales de agosto agravó la contaminación por partículas, aunque los episodios de calima descendieron respecto a otros años.
La organización señala también que la quema de petróleo alcanzó su nivel más elevado desde 2011, impulsada por el incremento del consumo de combustibles de aviación y automoción. En contraste, el uso de gas se mantuvo un 17% por debajo del nivel de 2019 y las energías renovables cubrieron el 57% de la demanda eléctrica, lo que contribuyó a limitar las emisiones procedentes de las centrales térmicas.
Tomando como referencia los nuevos valores límite de la Directiva europea 2024/2881, que deberán alcanzarse antes de 2030, el aire contaminado afectó a dos tercios de la población española, unos 33 millones de personas. Con la normativa legal vigente, todavía 9 millones de personas respiraron aire por encima de los actuales límites, considerados obsoletos por la organización, especialmente en Madrid, Castilla-La Mancha, Extremadura, el interior de Cataluña, Jaén y Murcia. Si se aplican las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, más estrictas, toda la población española estuvo expuesta a aire contaminado.
Las partículas en suspensión PM10 y PM2,5, junto con el dióxido de nitrógeno, continuaron afectando a la práctica totalidad de la población. Aunque Madrid y Barcelona cumplieron el actual límite legal anual de NO2, las principales áreas urbanas españolas superaron el nuevo valor límite anual que deberá respetarse antes de 2030. Ecologistas en Acción recuerda que este contaminante está estrechamente relacionado con el tráfico motorizado y critica que muchas ciudades sigan sin implantar zonas de bajas emisiones eficaces, pese a estar obligadas legalmente a hacerlo.
El ozono troposférico se mantuvo como el contaminante con mayor extensión territorial y el más vinculado al cambio climático. Se registraron 308 superaciones del umbral de información, concentradas especialmente en la Comunidad de Madrid, así como cuatro superaciones del umbral de alerta en Puertollano y el Camp de Tarragona. La contaminación también afectó a la vegetación: 84.000 kilómetros cuadrados, una sexta parte del territorio, estuvieron expuestos a niveles dañinos según la normativa vigente, cifra que asciende al 85 % del territorio si se aplican los objetivos de protección a largo plazo de la Unión Europea.
Ecologistas en Acción subraya que la contaminación atmosférica es la primera causa ambiental de muerte. Según la Agencia Europea de Medio Ambiente, hasta 24.000 personas fallecieron prematuramente en España por enfermedades agravadas por la mala calidad del aire, mientras que el Instituto de Salud Carlos III atribuye a los episodios de contaminación 62.000 ingresos hospitalarios anuales. La organización estima que los costes sanitarios, laborales y productivos asociados alcanzan los 32.000 millones de euros al año, el 2,4 % del PIB español.
Ante esta situación, Ecologistas en Acción reclama la transposición urgente de la nueva Directiva europea de calidad del aire, la aprobación del Plan Nacional de Ozono y la elaboración de planes autonómicos en las comunidades que aún carecen de ellos. También exige revisar la ubicación de estaciones urbanas de tráfico, mejorar la información pública sobre contaminación y adaptar los protocolos frente a episodios contaminantes. La organización insiste en que la única forma de mejorar la calidad del aire en las ciudades es reducir el tráfico motorizado, potenciar la movilidad peatonal y ciclista y reforzar el transporte público eléctrico, además de adoptar medidas en sectores como la energía, la industria, la aviación, el transporte marítimo y la ganadería intensiva.
