La eólica española: liderazgo mundial entre retrasos y litigios

La energía eólica cubre ya casi una cuarta parte de la demanda eléctrica en España y sus 31,7 GW instalados consolidan al país como segunda potencia europea del sector. Pero su avance sigue lastrado por retrasos administrativos y litigios: más del 70% de la cartera en tramitación permanece bloqueada. Ante este freno, la industria apuesta por repotenciar instalaciones existentes y afronta el reto de reciclar equipos obsoletos sin perder de vista la protección de la biodiversidad y el paisaje.
La eólica española: liderazgo mundial entre retrasos y litigios

España ocupa una posición destacada entre las potencias mundiales de la eólica. En 2024, el viento generó unos 59.378 GWh —casi un cuarto del consumo eléctrico nacional—, con 31.679 MW instalados. La Asociación Empresarial Eólica (AEE) señala que, de esta forma, la eólica se confirma así como primera tecnología del sistema eléctrico español, con una relevancia industrial y ambiental estratégica. Este volumen nos coloca, tras China, EE. UU. e India —junto con Brasil—, entre los líderes mundiales, y como segunda potencia europea tras Alemania.

A pesar de estas cifras, la patronal eólica lanza la voz de alarma: el ritmo de crecimiento actual es insuficiente y urge desbloquear los “atascos” regulatorios. Desde el sector advierten de que la lentitud burocrática, la falta de coordinación administrativa y la judicialización de muchos proyectos están asfixiando nuevas inversiones. De hecho, más de 17.000 MW de parques no han avanzado desde 2018 por no obtener una declaración de impacto ambiental favorable —375 proyectos paralizados—.

El director general de la AEE, Juan Virgilio Márquez, alerta de que España “se arriesga a perder una oportunidad histórica en la transición energética si no elimina los cuellos de botella burocráticos y garantiza un marco normativo estable”, unas palabras que resumen la postura de la patronal frente a los retrasos administrativos, la judicialización de los proyectos y la necesidad de acelerar la inversión en energías renovables.

El ejemplo de Galicia ilustra bien este “parón”: la región, referente nacional por potencia instalada, se ha convertido en un territorio complicado para nuevos proyectos. En esta comunidad, más de 60 parques —unos 2.700 MW— están bloqueados por sentencias judiciales y protestas vecinales, y plataformas como Eólica Así Non denuncian la instalación de molinos cerca de núcleos urbanos sin el necesario retorno económico.

“Se sigue tratando a Galicia como una zona de sacrificio para abastecer a otros territorios, sin que haya un retorno económico adecuado”, explica Belén Rodríguez, portavoz de la organización ecologista Adega, en relación con el debate sobre la implantación de parques eólicos en esta comunidad autónoma y la paralización de más de 60 proyectos en la zona. Los movimientos vecinales y ecologistas sostienen que Galicia soporta “una gran concentración de infraestructuras de generación eléctrica destinadas a abastecer otras regiones, mientras que los beneficios económicos y sociales locales son insuficientes”.

Repotenciación frente a nuevos proyectos

La incertidumbre regulatoria hace que desde el sector comiencen a plantearse mejoras de los parques existentes en lugar de nuevos proyectos, debido también a la parálisis en la aprobación de nuevos emplazamientos. De esta forma, la repotenciación de parques viejos surge como alternativa clave, ya que los aerogeneradores pioneros, con décadas de uso, están alcanzando el fin de su vida útil. Ahora, la obligación técnica y ambiental pasa por desmantelar y renovar esos parques antiguos. En la práctica, esto significa instalar turbinas mucho más grandes en el mismo emplazamiento, con el objetivo de generar más MW con menos aerogeneradores y reducir así el impacto territorial.

En este sentido, ya existen proyectos piloto que lo demuestran. También en Galicia, el Gobierno autonómico ha anunciado un plan para repotenciar los 25 parques eólicos más antiguos —con más de 25 años—, retirando más de 800 aerogeneradores obsoletos del paisaje. En el parque de Zas —A Coruña—, pionero desde 1991, se sustituyeron 80 turbinas de 300 kW por solo 10 de 2,4 MW, duplicando la producción anual —de unos 52 a 100 GWh— sin ampliar el territorio de instalación.

El mensaje es claro: con la misma potencia instalada se puede generar el doble de energía. Por eso, la repotenciación tecnológica y la minimización del impacto ambiental son ya pilares de una transición energética imprescindible, en la que los equipos modernos rinden mucho más y consumen menos recursos por MW.

La repotenciación permite producir más energía con menos aerogeneradores y menor impacto territorial.

Este modelo presenta otro aspecto a analizar: el desafío del reciclaje tecnológico. Un aerogenerador estándar tiene una vida útil de unos 25 años; cuando se sustituye, surge la pregunta: ¿qué hacemos con las palas gigantes? Hasta ahora, muchas palas retiradas se reutilizan en otros parques o se exportan como parte del proceso de repotenciación. Pero la industria europea prevé que se sustituyan más de 14.000 palas viejas solo en los próximos dos o tres años y, ante este “cementerio de palas”, ya se investiga cómo aplicar principios de economía circular: trituración mecánica, valorización térmica o química de los compuestos, e incluso usos creativos, como elementos constructivos. Sin embargo, tal como alerta el sector, las palas son costosas de desarmar, incluyen resinas y fibras avanzadas, y ya se está pidiendo prohibir su depósito en vertederos para forzar soluciones reales de reciclaje.

Finalmente, surge el “dilema verde”: cómo equilibrar la lucha contra el cambio climático y la conservación local con el despliegue de este tipo de energía. A medida que se planifican decenas de GW eólicos más, ecologistas y comunidades insisten en situar los parques en zonas de baja sensibilidad. ONG como SEO/BirdLife subrayan que solo un cuarto del territorio español presenta “baja sensibilidad” para la eólica sin dañar ecosistemas clave y, por eso, reclaman ubicar las instalaciones fuera de áreas protegidas y corredores migratorios, favoreciendo terrenos degradados. Esta petición se sostiene con estadísticas relacionadas con la fauna: cada año se documentan en España miles de aves muertas tras colisionar con turbinas —buitres leonados, águilas, milanos, etc.—, un coste ecológico cada vez más visible.

Mientras, la necesidad de parques eólicos no desaparece, pero el modelo actual de desarrollo sí ha empezado a quedarse obsoleto. Los expertos insisten en apostar por una planificación rigurosa: antes de cada nuevo parque, es necesario delimitar cuidadosamente áreas con baja sensibilidad ambiental —por ejemplo, según los mapas de SEO/BirdLife— y compensar a las comunidades locales. Solo así será posible abordar este desafío ambiental en una sociedad que debe descarbonizarse con urgencia, sin olvidar la riqueza natural que pretende preservar.

Despliegue y protección ambiental, ¿binomio imposible?

Desde la AEE insisten en que España necesita acelerar el despliegue eólico mediante procedimientos más ágiles, impulsar la repotenciación de parques para generar más energía con menor impacto territorial y reforzar la integración ambiental de los proyectos, con el fin de compatibilizar la transición energética con la protección de la biodiversidad y el paisaje.

En palabras de su presidenta, Rocío Sicre, nuestro país necesita “más eólica y con mayor rapidez”, y entre las prioridades del sector figuran “la eliminación de trabas administrativas, una planificación más ágil y un marco regulatorio más homogéneo”. Precisamente, durante una presentación de las prioridades del sector, la presidenta de la AEE reclamó “mecanismos ágiles, transparentes y coherentes entre administraciones que permitan reducir los tiempos y dar seguridad a las inversiones”.

La AEE resume el diagnóstico en una idea: España dispone de recurso eólico, industria, conocimiento tecnológico y cadena de suministro, pero el desarrollo de nuevos proyectos sigue condicionado por procedimientos largos y heterogéneos entre territorios, al tiempo que advierte de que estos retrasos dificultan el cumplimiento de los objetivos del Pniec.

En lo que se refiere a la repotenciación —sustituir los aerogeneradores por equipos nuevos, mucho más grandes y productivos—, y según datos de la AEE, en parques ya repotenciados se ha pasado de 738 aerogeneradores a 177, manteniendo o aumentando la generación eléctrica. Sin embargo, el director de la AEE, Juan Virgilio Márquez, alerta de que estos procesos “deberían ser más ágiles de tramitar que un parque nuevo, y la realidad es que es igual o, a veces, incluso más difícil”.

Respecto al reciclaje, la AEE vincula directamente la repotenciación con la economía circular y la gestión de componentes al final de su vida útil, especialmente las palas. Además, al disminuir el número de aerogeneradores, el impacto paisajístico también es menor.

En parques ya repotenciados se ha pasado de 738 aerogeneradores a 177, manteniendo o aumentando la generación eléctrica, pero su tramitación sigue siendo tan compleja como la de un parque nuevo, según la AEE.

Asimismo, la AEE defiende que la descarbonización y la protección de la biodiversidad “deben avanzar conjuntamente mediante una planificación rigurosa, evaluaciones ambientales sólidas y diálogo con los territorios”. También destaca la necesidad de combatir la desinformación y mejorar la aceptación social de los proyectos renovables, ya que la transición energética “requiere consenso social además de viabilidad técnica”. “El reto no es elegir entre energía renovable y biodiversidad, sino desarrollar proyectos compatibles con los valores ambientales, el paisaje y las necesidades de descarbonización”, subrayan desde la AEE.

Eólica aerotransportada, ¿el futuro?

Otra alternativa de futuro es la energía eólica aerotransportada —en inglés, Airborne Wind Energy o AWE—, una tecnología que genera electricidad aprovechando los vientos de gran altitud mediante cometas (kites), alas rígidas o drones conectados al suelo por cables. Entre sus ventajas figuran el aprovechamiento de vientos más intensos y regulares, un menor uso de acero y hormigón que los aerogeneradores convencionales, un impacto visual permanente más reducido —al no requerir grandes torres— y la posibilidad de instalarse en zonas remotas o con infraestructuras limitadas.

Entre los retos pendientes, sin embargo, está el hecho de que se trata de una tecnología todavía en fase de desarrollo y demostración comercial. Además, necesita sistemas avanzados de control automático y navegación, debe coordinarse con el tráfico aéreo y aún no ha demostrado una competitividad económica equivalente a la de la eólica terrestre convencional. Pese a ello, algunas empresas ya desarrollan proyectos piloto y primeras aplicaciones comerciales, impulsadas por entidades como Airborne Wind Europe, asociación europea que agrupa a empresas, investigadores y organizaciones del sector.


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Según explica a Revista Haz el secretario general de Airborne Wind Europe, Kristian Petrick, esta tecnología aún no cuenta con un despliegue significativo, sino únicamente con proyectos piloto. No obstante, actualmente existen tres empresas europeas que van a comenzar a comercializar estos sistemas, que podrían estar disponibles hacia finales de 2026 o principios de 2027, con potencias de hasta 100 kW. En un plazo de unos cinco años, cuando también evolucione la regulación, “podríamos ver más sistemas de este tipo instalados”, señala.

Petrick apunta que el despliegue de la eólica aerotransportada necesita amplias extensiones en el ámbito rural —las cometas no pueden volar sobre infraestructuras, edificios altos o carreteras— y que sus sistemas, de entre 100 y 200 kW, resultan “idóneos para comunidades energéticas, pymes del ámbito rural, granjas o autoconsumo colectivo”. Sin embargo, admite que “sigue siendo una energía más cara para los consumidores que la fotovoltaica, por ejemplo”, por lo que considera necesario contar con ayudas a la inversión o incentivos a la instalación.

Un ejemplo es Alemania, que hace dos años introdujo una remuneración específica para este tipo de energía en su legislación sobre renovables, con un precio de unos 11 céntimos por kWh. Desde Airborne Wind Europe reclaman para España ayudas similares, en un contexto en el que esta tecnología ya ha sido reconocida como innovadora en algunos países europeos, aunque la regulación del espacio aéreo sigue siendo uno de los principales desafíos. Países Bajos e Irlanda, por ejemplo, están algo más avanzados en su despliegue mediante drones.

En España, uno de los proyectos más relevantes está liderado por el profesor David Santos Martín, del Departamento de Ingeniería Eléctrica de la Universidad Carlos III de Madrid —UC3M—, uno de los investigadores españoles más activos en este campo. Su trabajo se centra especialmente en la conversión eléctrica de la energía, los sistemas de control y la integración de esta tecnología en redes eléctricas. Desde 2015, la UC3M desarrolla una línea de investigación específica en energía eólica aerotransportada, impulsada principalmente por Santos Martín y por el profesor Gonzalo Sánchez-Arriaga, del área de Ingeniería Aeroespacial.

La eólica española: liderazgo mundial entre retrasos y litigios

Foto: Airborne Wind Europe.

El grupo ha participado en proyectos nacionales como GreenKite, GreenKite-2 o KITE2GRID, orientados al desarrollo de sistemas capaces de generar electricidad mediante cometas o aeronaves atadas al suelo por cables. Uno de sus desarrollos más destacados es una máquina denominada “yo-yo AWE”, creada junto a la empresa española CT Ingenieros. Su funcionamiento se basa en un ala o cometa que realiza trayectorias controladas aprovechando vientos de gran altitud; la tensión del cable acciona un generador situado en tierra y, posteriormente, el cable se recoge consumiendo menos energía de la producida. El balance neto permite obtener electricidad renovable.

En 2024, el equipo presentó públicamente este primer sistema “yo-yo” español y la UC3M y CT Ingenieros inauguraron el AWES-Lab, un centro de ensayos para probar prototipos, recopilar datos de vuelo y validar los sistemas eléctricos asociados.

Las investigaciones del profesor David Santos se centran en uno de los retos menos visibles de esta tecnología: cómo convertir una potencia muy variable procedente de una cometa en electricidad estable y utilizable por la red. En uno de sus trabajos más recientes, publicado en 2025, el equipo desarrolló un banco de ensayos eléctrico para simular el comportamiento de estos sistemas y optimizar la conversión energética. Los resultados mostraron eficiencias superiores al 80% y picos de hasta el 93%, cifras prometedoras para su futura comercialización.

En cuanto al impacto ambiental y sobre la biodiversidad, Petrick sostiene que este aspecto se tiene muy en cuenta en los proyectos piloto. Según explica, su impacto es más reducido que el de la eólica tradicional, ya que no son sistemas que estén volando de forma continua, emplean menos material en el aire y alcanzan velocidades inferiores a las de las palas de una gran turbina eólica, que pueden moverse hasta a 300 km/h, frente a los 120 km/h máximos de un kite. Además, recuerda que estas cometas vuelan a una altura superior a la habitual de muchas aves. “Cuando tengamos más sistemas volando será el momento de monitorizar, aprender y ampliar las investigaciones con el objetivo de que el impacto en el entorno y la biodiversidad sea el menor posible”, añade.

Durante el WindEurope Annual Event 2026, celebrado el pasado mes de abril en Madrid, IFEMA acogió la exhibición de una cometa de 40 m² de la empresa Kitepower, que despertó la curiosidad de los visitantes. Representantes de Airborne Wind Europe explicaron el funcionamiento de estos sistemas y su potencial para complementar otras fuentes renovables mediante el aprovechamiento de vientos más fuertes y constantes a mayores altitudes.

La tecnología también se ha mostrado en foros como el Parlamento Europeo, el WindEurope Annual Event 2026 de Madrid o la próxima conferencia AWEC 2026 en Oporto, como herramienta para acercar esta innovación a la sociedad, los responsables políticos y la industria.

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