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El Mundial de Fútbol 2026 apunta a ser el más contaminante de la historia
El Mundial de fútbol de 2026 se celebra bajo una creciente presión ambiental. Varios informes recientes coinciden en señalar que la actual edición del torneo, organizada conjuntamente por Estados Unidos, México y Canadá, puede convertirse en la más contaminante de la historia. El salto de 32 a 48 selecciones, el incremento del número de partidos hasta 104 y la celebración del campeonato en 16 sedes repartidas en tres países aumentarán de forma significativa los desplazamientos de equipos, aficionados, medios de comunicación y personal vinculado al evento.
El informe Football and Climate Change: A Preview of the 2026 FIFA World Cup, elaborado por investigadores de las universidades de Loughborough, Manchester y Bristol, sostiene que la elevada huella climática del fútbol moderno no es accidental ni inevitable, sino consecuencia de un modelo de crecimiento impulsado por los organismos rectores del deporte. Sus autores señalan que la FIFA y otras instituciones han priorizado durante décadas la expansión comercial, la multiplicación de torneos y partidos, y la búsqueda de nuevos mercados globales por encima de criterios de sostenibilidad.
Esa advertencia coincide con las conclusiones de otro estudio independiente, FIFA’s Climate Blind Spot: The Men’s World Cup in a Warming World , elaborado por Scientists for Global Responsibility, New Weather Institute, Environmental Defense Fund y Cool Down – the Sport for Climate Action Network. Este informe estima que el Mundial 2026 podría generar al menos 9 millones de toneladas de CO₂ equivalente, casi el doble que el promedio de los Mundiales celebrados entre 2010 y 2022. Según el análisis, el transporte aéreo sería el principal responsable de la huella climática del torneo.
Otras estimaciones apuntan en la misma dirección. La plataforma Greenly, especializada en contabilidad de carbono, calcula que la huella del Mundial podría situarse en torno a 7,8 millones de toneladas de CO₂ equivalente, más del doble que la atribuida a Catar 2022. En su análisis, entre el 87% y el 88% de las emisiones procederían de los desplazamientos de espectadores, una proporción que refleja el impacto de organizar el torneo en una extensión territorial tan amplia.
Los informes también ponen el foco en los vínculos del fútbol con los combustibles fósiles. El estudio de Loughborough, Manchester y Bristol advierte de que el fútbol se ha convertido en una plataforma privilegiada para el sportswashing de petroestados y empresas energéticas. En este contexto, los autores citan el patrocinio de Aramco, compañía saudí de petróleo y gas y uno de los principales socios de la FIFA, como ejemplo de cómo el capital fósil se integra en la cultura futbolística global.
La FIFA, por su parte, defiende que el Mundial 2026 cuenta con una estrategia de sostenibilidad y derechos humanos que incluye medidas de medición y mitigación de emisiones, eficiencia energética, gestión de residuos, promoción del transporte público y reducción de impactos locales. La organización también subraya el uso de infraestructuras ya existentes en las ciudades sede. Sin embargo, los informes críticos consideran que estas medidas son insuficientes si no se cuestiona la lógica de expansión permanente del torneo.
Entre las recomendaciones planteadas figuran frenar la expansión de competiciones, prohibir la publicidad y los patrocinios de combustibles fósiles, restringir la propiedad de clubes por parte de actores vinculados al petróleo y el gas, integrar plenamente a los responsables de sostenibilidad en la toma de decisiones, crear fondos de adaptación para el fútbol base y dar más voz a aficionados y jugadores. Como resume Mark Doidge, profesor de Sociología del Deporte en la Universidad de Loughborough y coautor del informe, “el fútbol es una fuerza cultural poderosa, con millones de aficionados y jugadores” y “puede, y debe, usar su influencia para mitigar el cambio climático”.
