“Queremos sembrar la semilla del pensamiento crítico desde la infancia”

La ciencia, para Cristina Balbás, no empieza en los libros, sino en la curiosidad, el juego y el error. Desde Escuelab, la empresa social que fundó tras detectar la distancia entre el mundo científico y la sociedad, esta bióloga molecular trabaja para que niños y niñas aprendan experimentando, desarrollen pensamiento crítico y accedan a una educación científica de calidad independientemente de su contexto. En esta entrevista, reflexiona sobre emprendimiento social, brecha de género, desigualdad educativa y el reto de transformar las aulas desde la infancia.
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Cristina Barbás. Foto: Escuelab.

Cristina Balbás, fundadora de Escuelab, bióloga molecular por la Universidad de Princeton y doctora en Biomedicina Molecular, creció con la ciencia en las venas. Desde esa pasión, quiso acercar el conocimiento científico a una sociedad que percibía muy desconectada de la ciencia. Para lograrlo, se propuso llevarla a los niños y niñas desde edades tempranas, dentro de la escuela, transformando la forma de enseñarla.

Este cambio de paradigma educativo lleva aparejado otro aprendizaje mucho más profundo: el desarrollo de habilidades que solo pueden adquirirse experimentando, como el pensamiento crítico, la tolerancia a la frustración y la aceptación del error como parte esencial del proceso de aprendizaje. Competencias clave para abordar la vida adulta de forma coherente y resiliente.

Ver el impacto de este tipo de aprendizaje en contextos vulnerables la ha llevado a volcarse también en Latinoamérica, donde las necesidades son enormes y el potencial de transformación también.

Escuelab reúne a científicos, pedagogos y artistas para despertar la creatividad de los más pequeños a través de la ciencia y el juego.

¿Qué es Escuelab? ¿Por qué nace?

Escuelab es una empresa social que acerca la ciencia y la tecnología a los niños y niñas de manera práctica e interactiva, fomentando vocaciones investigadoras y desarrollando herramientas de futuro sin dejar atrás a los más vulnerables.

Hemos desarrollado una metodología propia que implementamos de manera directa en actividades como extraescolares y campamentos, y también a través de la formación del profesorado de Primaria en España y Latinoamérica.

La idea surgió cuando estaba haciendo el doctorado en el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, al constatar la desconexión entre el mundo de la ciencia y la sociedad en general. Inicialmente, diseñamos un taller sobre el cáncer para los colegios del barrio. Poco a poco, fuimos aprendiendo que, para tener más impacto, eran necesarias actividades con más continuidad o intensidad, por lo que desarrollamos nuestros clubes de ciencia extraescolares y nuestros campamentos científicos.

Después nos dimos cuenta de que, formando al profesorado, podíamos escalar exponencialmente nuestro impacto, y empezamos a desarrollar nuestra plataforma online para docentes.

¿Qué queréis cambiar con Escuelab?

En el ámbito educativo, nos gustaría cambiar el paradigma de cómo se enseña a los niños y niñas. En el plano social, soñamos con poder facilitar el acceso a esta educación puntera a miles de estudiantes en riesgo de exclusión.

Para llegar ahí, estamos trabajando duro para expandir nuestra plataforma de formación docente en España y Latinoamérica, de forma que más docentes de Primaria puedan implementar nuestra metodología en sus aulas. Además, acabamos de abrir un centro propio que nos servirá como plataforma de I+D+i, donde podremos diseñar nuevos programas, probarlos, refinarlos y lanzarlos al mundo a través de nuestras actividades directas y de la plataforma Escuelab.

¿Qué es lo que más valoran los niños?

En cualquier proyecto educativo es esencial partir de los intereses de los niños y niñas, relacionando los conceptos que se tratan con su contexto inmediato. En Escuelab les planteamos retos vinculados a aquello que despierta su curiosidad, permitiéndoles experimentar de primera mano y divertirse haciendo ciencia. Esto potencia su motivación intrínseca y logra que se impliquen en las actividades con interés.

Planteamos a los niños retos vinculados a aquello que despierta su curiosidad, para que experimenten de primera mano, se diviertan haciendo ciencia y se impliquen de forma natural en el aprendizaje.

¿Cuál es la clave de vuestro éxito?

Nuestro éxito reside en la metodología que hemos desarrollado, basada en investigaciones sobre cómo aprende el cerebro de los niños. El objetivo es que nuestras propuestas educativas impliquen de forma activa al alumnado, que construye su conocimiento a través del trabajo en equipo.

Les planteamos resolver retos de base científica bajo la guía de nuestro equipo, que facilita estas experiencias de aprendizaje para desarrollar no solo conocimientos científicos, sino también competencias clave como el pensamiento crítico, la resistencia a la frustración y la aceptación del error como parte esencial del proceso de aprendizaje.

Los materiales educativos de Escuelab están rigurosamente diseñados por un equipo de científicos con amplia experiencia en investigación y formación en divulgación. Están adaptados al nivel cognitivo de los niños y niñas, e impartidos por personal con formación superior científica y experiencia docente e investigadora.

Esta metodología no solo forma en ciencia, sino también en valores y habilidades de futuro, y marca claramente la diferencia con respecto a otros proyectos de ciencia para niños.

¿Qué valores de la sociedad estáis tratando de impulsar?

Además de fomentar vocaciones científico-tecnológicas, en Escuelab trabajamos herramientas de futuro que serán muy útiles para los niños. La ciencia y la tecnología, tanto en la escuela primaria como en la vida profesional, son actividades que requieren desarrollar el pensamiento crítico y la creatividad.

Además, fomentan el trabajo en equipo, con las mejoras en asertividad, liderazgo y empatía que esto conlleva. Por último, en ciencia, como en otros aspectos de la vida, se cometen errores, pero también se aprende a lidiar con la frustración e integrar esos errores como parte del aprendizaje, fomentando una cultura del esfuerzo y desarrollando niveles adecuados de autoestima.

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“Queremos sembrar la semilla del pensamiento crítico desde la infancia”

Queremos que los niños aprendan ciencia de manera práctica, dejando los libros de lado y experimentando, explica Cristina Barbás. Foto: Escuelab.

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“Queremos sembrar la semilla del pensamiento crítico desde la infancia”

La idea no es solo desarrollar conocimientos científicos, sino también el pensamiento crítico o la resistencia a la frustración. Foto: Escuelab.

¿Qué ha sido lo más difícil? ¿De qué estáis más orgullosos?

Estamos muy orgullosos de nuestro alcance e impacto: desde que empezamos con nuestro primer piloto en 2013, hemos llegado ya a más de 37.000 niños y niñas, de los cuales alrededor de 10.000 han participado becados en nuestras actividades, y calculamos que hemos despertado más de 2.400 nuevas vocaciones científicas.

Nuestras tasas de aprendizaje y satisfacción son superiores al 90% y estamos realizando un estudio con el equipo de Education Research de la Universidad de Deusto que aún está en fases iniciales, pero en el que ya vemos tendencias de mejora en la percepción de la ciencia y de los científicos entre los participantes en nuestros programas.

Este impacto se ve reflejado en los reconocimientos recibidos, entre los que destacan el Premio Unicef Emprende y el Premio Nacional de Educación.

Lo más difícil desde el inicio ha sido la expansión comercial. En nuestros comienzos, identificamos una clara necesidad y estábamos convencidos de que iba a tener buen encaje, pero al principio cuesta convencer a los clientes.

Para arrancar, nuestros primeros pilotos fueron gratuitos y los aprovechamos para recoger todo el feedback posible, identificar mejor la necesidad de los centros educativos y las familias, y recopilar los primeros datos de impacto y evidencias, como fotografías. Con esto pudimos mejorar el servicio que ofrecíamos y, además, configurar un dossier que mostrar a posibles clientes.

Una vez que nuestras primeras actividades estaban pulidas, las paquetizamos en extraescolares y campamentos. Nuestras primeras ventas fueron completamente personalizadas: fuimos desarrollando el contenido a medida que nos lo pedían nuestros primeros clientes e integrando sus comentarios en el proceso.

Sin embargo, a día de hoy, y con la trayectoria que atesoramos, sigue siendo complicado incorporar nuevos clientes, porque no dejamos de formar parte de un mercado con mucha competencia: el del ocio y tiempo libre infantil. Esto ocurre aunque nos centremos en contenidos científico-técnicos y pongamos el foco en el impacto social de nuestras actividades.

Desde 2013 hemos llegado a más de 37.000 niños, de los cuales alrededor de 10.000 han participado becados en nuestras actividades.

¿Cómo va Escuelab a nivel empresarial?

Somos sostenibles desde nuestros inicios. Pudimos arrancar gracias a distintas ayudas a fondo perdido y, desde entonces, hemos desarrollado un modelo de negocio basado en una estructura de costes fijos muy bajos y unos costes variables que se adaptan al crecimiento de los ingresos, lo que permite escalabilidad y bajo riesgo.

Además, se trata de un modelo de negocio subsidiario, que permite dedicar los beneficios a becar a alumnos procedentes de entornos desfavorecidos para que puedan participar en nuestras actividades.

¿Cuál es vuestro mayor reto ahora mismo?

A nivel operativo, nuestro mayor reto es conseguir un poco más de estabilidad, ya que trabajamos con muchos colegios y la educación no formal va un poco por modas. Competimos en el sector de la formación no reglada en general, lo que hace que tengamos que estar continuamente buscando nuevos colegios y atrayendo a los niños. Vemos que hay un exceso de oferta en los centros educativos.

A nivel estratégico y de impacto, estamos buscando la manera de llegar a colegios en zonas más vulnerables. Tenemos una alianza con la Fundación Prosegur, que apoya a muchos colegios en Latinoamérica, pero nos cuesta encontrar nuevas instituciones públicas o privadas que nos permitan llegar a las escuelas.

La administración pública es compleja. Si tuviéramos la suerte de dar con una persona con capacidad de decisión en cualquiera de los ámbitos autonómicos en los que está descentralizada la educación, estaríamos encantados de intentarlo, pero los tiempos se alargan entre elecciones y, cuando todo está listo, cambia el interlocutor.

Nos hemos dado cuenta de que en Latinoamérica el impacto es mucho más alto a un coste más bajo, usando la tecnología como palanca. Estratégicamente, nos vamos a centrar en eso.


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¿Dónde ves Escuelab en 5-10 años?

Por una parte, cambiando vidas de niños de una manera más sistemática, tanto aquí como en Latinoamérica. También cediendo un poco el control para llegar a más niños y generar un efecto de mancha de aceite: haciendo al profesorado dueño del programa y permitiendo que lo adapte de acuerdo con sus necesidades, aunque nosotros estemos un poco más lejos.

Con el nuevo centro de Alcobendas estamos probando propuestas para bebés y explorando formas de hacer más respetuoso el modelo de escuela infantil. Quizá todo este aprendizaje se pueda paquetizar y ofrecer también al mundo.

Al final nos veo creando cosas nuevas, probando que funcionan y abriéndolas al mundo para que puedan llegar a más niños.

Si tuvieras una varita mágica y pudieras cambiar una cosa en el sistema educativo español, ¿qué cambiarías?

Cambiaría completamente el currículum de Primaria. Me centraría en lectura, matemáticas básicas y actividades de convivencia, y me olvidaría de todo lo demás, incluso de la ciencia.

Muchos de los problemas que vemos de falta de aprendizaje y adaptación escolar creo que vienen de una falta de comprensión lectora y de que las habilidades matemáticas básicas no están cubiertas. Esto se convierte cada año en un problema acumulativo, porque los niños van cada vez peor y, más adelante, no se consideran candidatos para carreras científicas o tecnológicas porque sienten que las matemáticas siempre se les han dado mal. En realidad, en algún momento no entendieron algo y, en los años siguientes, no lo han podido solucionar.

A nivel de convivencia y educación emocional, lo que aprendemos desde pequeños es lo que llevamos en nuestra mochila. Y así va el mundo.

“Queremos sembrar la semilla del pensamiento crítico desde la infancia”

Cristina Balbás junto a niños en Colombia, donde la organización busca ampliar su impacto educativo a través de la ciencia práctica y la tecnología. Foto: Escuelab.

¿Cuándo considerarías que el proyecto de Escuelab está concluido? ¿Qué indicador mediría el impacto?

Estaríamos listos para cerrar el día en que en todos los colegios de España, Latinoamérica o incluso del mundo se aprenda ciencia de manera práctica; el día en que dejemos los libros de lado y los niños y niñas estén experimentando en clase.

El indicador sería que se hicieran experimentos en clase de manera rutinaria y que el currículo se enseñara de forma práctica.

¿Qué huella queréis dejar en el mundo?

Contribuir a formar a niños que el día de mañana sean ciudadanos informados, capaces de pensar de manera crítica y de tomar decisiones fundamentadas en este mundo de bulos, desinformación e inteligencia artificial, que lo hace todo tan difícil. Sembrar la semillita del pensamiento crítico.

¿Cómo ves la brecha de género en ciencia y tecnología desde vuestra experiencia en las escuelas?

Vemos muy claramente que, al principio de curso, hay clubes de ciencia a los que solo se han apuntado niños y otros a los que solo se han apuntado niñas, únicamente por la presión social de dónde se apunta mi amigo o mi amiga. Pero en Primaria no hay diferencias ni en el interés, ni en la capacidad, ni en el desempeño. Después empiezan a notarse las influencias sociales y la falta de referentes. A medida que crecen, vamos dejando a niñas por el camino.

Según el Informe Global sobre la Brecha de Género 2024, solo el 28,2% de profesionales en activo STEM son mujeres.

Hemos hecho muchos estudios sobre las razones por las que ocurre esto y existen múltiples factores. Por un lado, hay una influencia social muy grande desde edades tempranas, empezando por el tipo de juguetes que se ofrece a los niños y a las niñas. Es muy raro que a una niña se le ofrezcan juguetes de construcción, frente a juegos simbólicos que, en su mayoría, tienen que ver con los cuidados. Desde pequeños, esto te marca aquello a lo que tienes que jugar.

Además, los niños y niñas ven en casa los roles masculinos y femeninos. A pesar de que haya más paridad, el peso de los cuidados sigue recayendo en las mujeres. También lo ven en la sociedad: si sales y preguntas a cualquier joven por un ejemplo de científica, tienen en la cabeza a Marie Curie o, como mucho, a María Blasco. Sin embargo, tienen muchos más hombres al alcance del pensamiento.

En el contexto escolar ocurre mucho con los libros de texto, y no solo en ciencia, sino también en arte: no se estudian grandes pintoras, por ejemplo, ni grandes científicas.

La falta de referentes hace que las niñas no puedan verse en esos roles de mayores. Es algo que hacen y que les gusta, pero cuando llegan a 3º de la ESO y tienen que elegir optativas, les cuesta escoger las de ciencias y tecnología porque no conocen a nadie de su entorno que lo haga, o porque sus amigas no lo hacen. La parte social a esa edad es muy relevante y todo se va reafirmando.

Es multifactorial: pasa desde casa, pasa a nivel social y pasa desde el colegio. Por eso cuesta tanto que cambie. Pero, poco a poco, según vaya habiendo más referentes en todos los ámbitos —social, familiar y profesional—, esto irá cambiando.

Queremos formar niños que sean ciudadanos informados, capaces de pensar de manera crítica y de tomar decisiones fundamentadas.

¿Qué es para ti un emprendedor social? ¿Se hace o se nace?

Para mí, un emprendedor es alguien que siempre está buscando formas nuevas de cumplir sus objetivos; y es social cuando esos objetivos pasan por mejorar el entorno.

Tienes una inquietud por mejorar el entorno desde pequeño, pero tampoco conozco ningún peque que no quiera hacer las cosas bien y que todos a su alrededor estén más contentos y sean más felices.

La parte más importante es que las experiencias vitales, desde pequeñito, te empujen a poder convertirte en emprendedor social.

¿Qué consejo le darías a los emprendedores sociales que vienen?

Que se empapen todo lo que puedan de experiencias ajenas, porque sí se aprende de ellas. Y que, en la medida de lo posible, aunque sea muy difícil, no emprendan solos. Es muy duro y ninguno tenemos todos los recursos y habilidades, así que es importante buscar a alguien que les complemente.

¿Qué mensaje te gustaría mandar a nuestros lectores?

Cada uno, desde su rol, puede reflexionar sobre cómo convertirse también en emprendedor social con las capacidades y recursos que tiene, ya sea como intraemprendedor dentro de su empresa o en su comunidad cercana.

Todo el mundo puede cambiar el mundo, como dice Ashoka, y todos, desde nuestro rol, podemos hacer las cosas de manera diferente y con otra atención a las personas, de forma que cambiemos un poco la cultura del sitio donde estamos. Eso también es ser emprendedor social.

No hace falta dejarlo todo y montar un proyecto de impacto para ser emprendedor social.

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