Del apagar al prevenir: la tecnología que se adelanta a los incendios

Sensores, drones e inteligencia artificial impulsan un nuevo modelo de gestión forestal: anticipar el riesgo, detectar señales tempranas y actuar antes de que el incendio se descontrole.
<p>El proyecto Tecnobosque incorpora sistemas de vigilancia aérea mediante drones para la prevención y detección precoz de incendios forestales. Foto: Tecnobosque.<p>

El proyecto Tecnobosque incorpora sistemas de vigilancia aérea mediante drones para la prevención y detección precoz de incendios forestales. Foto: Tecnobosque.

En los últimos años, los incendios forestales se han convertido en una amenaza creciente, impulsada por el aumento de las temperaturas, el abandono del medio rural y los cambios en la gestión del territorio. Aunque en España el número de incendios ha descendido en torno a un 35% en la última década, la superficie afectada apenas se ha reducido. Los incendios son cada vez más grandes, más intensos y más difíciles de controlar.

Ya no basta con apagarlos: la clave está en evitar que se produzcan o, al menos, en detectarlos antes de que se conviertan en una emergencia. En ese cambio de paradigma, la tecnología está jugando un papel decisivo. Sensores, drones, inteligencia artificial y plataformas de datos están permitiendo anticipar el riesgo y actuar con mayor precisión.

Una de las primeras líneas de defensa son los sensores conectados, especialmente los basados en el internet de las cosas (IoT). Estos dispositivos miden variables como la temperatura, la humedad o la presencia de partículas asociadas a la combustión y, cuando trabajan en red, pueden generar alertas automáticas ante situaciones de riesgo. En municipios como Olocau, en Valencia, ya se utilizan para vigilar grandes superficies forestales de forma continua y detectar cambios en el entorno antes de que el fuego sea visible.

En paralelo, la investigación científica está afinando estas herramientas. Jesús Lozano, investigador de la Universidad de Extremadura y miembro del proyecto europeo SenForFire, explica que los sensores desarrollados en este marco permiten detectar “variaciones químicas y atmosféricas asociadas a la combustión antes de la aparición de llamas visibles”. Esto es posible gracias a la medición de gases como monóxido de carbono, dióxido de carbono o compuestos orgánicos volátiles, que actúan como señales tempranas del fuego.

Según detalla Lozano, estos sistemas pueden identificar procesos de ignición en menos de un minuto, lo que amplía el margen de intervención. Al estar distribuidos sobre el terreno en forma de redes inalámbricas, ofrecen una información muy detallada y con actualización casi inmediata, superando algunas de las limitaciones de los satélites.

No obstante, el propio investigador advierte de que aún quedan retos importantes para su despliegue a gran escala. Entre ellos, menciona la necesidad de garantizar autonomía energética en zonas remotas, asegurar comunicaciones fiables en entornos complejos o desarrollar sistemas capaces de gestionar grandes volúmenes de datos sin generar falsas alarmas. Aun así, subraya que el avance es significativo y que iniciativas como SenForFire están sentando las bases de un modelo más preventivo.


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Ese cambio también se refleja en el uso de drones, cuya evolución en los últimos años ha sido notable. Lo que comenzó como una herramienta de vigilancia se ha convertido en un sistema activo de intervención sobre el territorio.

Un ejemplo es el proyecto Tecnobosque, desarrollado en la serranía de Cuenca. Su CEO, Inma Reinosa Losa, explica que la iniciativa nace con una idea clara: “fusionar la prevención forestal con la tecnología de drones” para actuar en zonas de difícil acceso donde antes resultaba complicado intervenir con precisión. El objetivo inicial era crear cortafuegos selectivos desde el aire, pero el desarrollo del proyecto planteó nuevos retos.

Uno de ellos fue decidir qué material utilizar. Como cuenta Reinosa, la solución fue desarrollar una sustancia propia, basada en tecnología patentada, que actúa como escudo térmico y permite proteger tanto la vegetación como las infraestructuras sin dañar el entorno. Además, la empresa ha apostado por fabricar este producto en España, en Cuenca, lo que, en palabras de su CEO, permite “garantizar la trazabilidad, la calidad del producto y generar actividad económica en el territorio”.

La evolución tecnológica ha sido clave para hacer posible este tipo de soluciones. Reinosa destaca que “se ha producido una auténtica revolución”: los drones cuentan ahora con mayor autonomía, más capacidad de carga y sistemas de inteligencia artificial integrados. Esto no solo facilita la cartografía de grandes superficies, sino que también permite identificar acumulaciones de combustible vegetal y monitorizar de forma continua las zonas de riesgo.

Pero el salto más importante, subraya, es que los drones han dejado de limitarse a observar. “Permiten aplicar tratamientos preventivos de forma selectiva en puntos críticos del territorio”, explica, algo que hasta hace pocos años era prácticamente inviable. A esto se suma el papel creciente de la inteligencia artificial, que permite analizar variables como la meteorología, la topografía o el estado de la vegetación para anticipar dónde existe un mayor riesgo de incendio.

Del apagar al prevenir: la tecnología que se adelanta a los incendios

El proyecto europeo SenForFire utiliza sensores para vigilar superficies forestales y detectar cambios en el entorno antes de que el fuego sea visible. Foto: Universidad de Extremadura.

Junto a la iniciativa privada, los proyectos públicos están impulsando una transformación más estructural del sector. Uno de los más relevantes es RetechFOR, coordinado por Francisco Javier Ezquerra desde la Dirección General de Patrimonio Natural y Política Forestal de la Junta de Castilla y León.

Según explica Ezquerra, el proyecto surge en el marco del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia con el objetivo de impulsar la transición digital y ecológica del sector forestal. Responde, además, a una colaboración entre Castilla y León y Canarias, dos territorios con características distintas pero con retos comunes en materia de incendios, gestión del monte y despoblación rural.

El diagnóstico de partida era que el sector forestal presentaba un bajo nivel de digitalización, con procesos que todavía dependen en gran medida de métodos manuales. Esta situación limita la capacidad de planificación y dificulta la respuesta ante fenómenos cada vez más extremos. El objetivo, por tanto, es cambiar la forma en la que se gestionan los incendios forestales, pasando de reaccionar al fuego a anticiparse a él.

Entre sus avances más innovadores destaca el uso de inteligencia artificial para detectar humo de forma automática a través de cámaras, así como el análisis de imágenes satelitales que permite prever cómo podría comportarse un incendio antes incluso de que se propague. Toda esta información se integra en una plataforma que combina datos de sensores, meteorología y sistemas operativos para ofrecer una visión completa del riesgo en cada momento.

RetechFOR usa inteligencia artificial, sensores remotos, plataformas aéreas y digitalización avanzada para reducir los daños provocados por incendios forestales.

A ello se suman simuladores de evolución del fuego, mapas de zonas de mayor peligrosidad y sistemas automáticos capaces de delimitar el perímetro de los incendios casi al instante. Ezquerra explica que esta infraestructura permitirá combinar información procedente de múltiples fuentes y procesarla de forma segura, interoperable y útil para la toma de decisiones.

En la práctica, esto se traduce en la posibilidad de alimentar algoritmos capaces de detectar columnas de humo de forma automática, analizar la peligrosidad del territorio o simular la propagación potencial de un incendio antes de que se produzca. Según detalla, los indicadores más valiosos son aquellos que permiten anticipar el comportamiento del fuego, como determinadas variables meteorológicas, anomalías térmicas, características del terreno o señales tempranas de ignición detectadas mediante inteligencia artificial.

El objetivo, resume Ezquerra, es avanzar hacia un modelo basado en la monitorización continua, el análisis predictivo y la gestión actualizada del riesgo, que permita actuar antes de que el incendio se convierta en una emergencia.

A pesar de todos estos avances, uno de los principales desafíos sigue siendo cultural. “Existe la tendencia a centrar los esfuerzos en la extinción cuando el incendio ya está activo”, advierte Inma Reinosa, cuando la evidencia demuestra que la prevención es mucho más eficaz. Cambiar esta mentalidad implica replantear la inversión, la planificación y la forma de entender la gestión forestal.

Los esfuerzos se suelen centrar en la extinción, pero prevenir es mucho más eficaz. Cambiar esa mentalidad exige repensar desde cero la inversión, la planificación y la gestión del territorio.

En la misma línea, Jesús Lozano insiste en que el futuro pasa por modelos basados en datos y en vigilancia continua del territorio. A su juicio, el gran valor de proyectos como SenForFire es que permiten “pasar de un modelo reactivo a uno preventivo y predictivo”, en el que la detección temprana marca la diferencia.

Quedan retos por resolver. La escalabilidad de estas soluciones depende de factores como la conectividad en zonas remotas, la interoperabilidad de los datos o la formación de profesionales capaces de gestionar estas tecnologías. También será clave mejorar la coordinación entre administraciones, empresas y comunidades locales.

La prevención tecnológica abre, además, una oportunidad para los territorios rurales: generar empleo cualificado, fijar actividad económica y modernizar un sector históricamente poco digitalizado. En zonas especialmente expuestas al riesgo de incendios, estas herramientas pueden contribuir no solo a proteger el monte, sino también a reforzar la resiliencia de las comunidades que lo habitan.

Sin embargo, el cambio ya está en marcha. La tecnología no sustituye a la gestión forestal tradicional, pero sí la refuerza. La limpieza de montes, la planificación territorial o la educación ambiental siguen siendo fundamentales, pero ahora cuentan con nuevas herramientas.

La diferencia es que, por primera vez, existe una capacidad real de anticipación. Y, en un contexto de incendios cada vez más imprevisibles, esa anticipación puede marcar la distancia entre un conato controlado y una catástrofe.

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