Autopistas del mar: cambiar asfalto por olas para reducir el impacto ambiental

Autopistas del mar: cambiar asfalto por olas para reducir el impacto ambiental

Ante la saturación de las carreteras y el desafío de la descarbonización, la Unión Europea impulsa las autopistas del mar. Estas rutas marítimas de corta distancia no solo permiten trasladar miles de toneladas de mercancía con una menor huella ambiental, sino que actúan como motores de la economía azul y el turismo responsable. Analizamos cómo esta alternativa estratégica está transformando el transporte en Europa.

El Programa Europeo de Autopistas del Mar (AdM), integrado en las Redes Transeuropeas de Transporte (TEN-T), nació en 2001 con el objetivo de descongestionar las carreteras europeas y reducir la contaminación a través del impulso al transporte marítimo de corta distancia (SSS). Estas rutas marítimas invisibles, conectadas con puertos ferroviarios, fomentan la intermodalidad, convirtiéndose en alternativas más sostenibles y eficientes. No requieren de nuevas infraestructuras terrestres más allá de los puertos existentes e integran el transporte marítimo con carreteras y ferrocarril para aligerar la “carga” de las autopistas y reducir su impacto.

Se articulan en cuatro grandes áreas: Báltico, Atlántico Occidental, Mediterráneo Suroeste y Sudeste y buscan “subir” camiones a buques para evitar miles de kilómetros por carretera. De este modo, se ahorran emisiones contaminantes, congestiones de tráfico y también accidentes. En la práctica, el plan de la UE (llamado actualmente ‘Espacio Marítimo Europeo’ debido a su evolución desde 2001) integra puertos, buques y corredores básicos para lograr un transporte de bienes y productos eficaz y sostenible dentro, desde y hacia Europa.

Transporte marítimo: beneficios económicos y sociales

El transporte marítimo de corta distancia genera menos emisiones por tonelada transportada que el camión y evita atascos en puntos críticos (por ejemplo, los pasos fronterizos de entrada en España como Irún o La Junquera) reduciéndose los gases contaminantes en zonas pobladas. También reduce costes logísticos entre un 15% y un 20% y disminuye costes sociales como accidentes o el deterioro de infraestructuras. Como ejemplo, en 2018 solo el Port de Barcelona retiró más de 148.000 camiones  de las carreteras, generando unos 129 millones de euros en beneficios sociales.

Además, mejora la seguridad vial al reducir las horas de conducción. Un buque ro-ro ( diseñado para transportar vehículos y mercancías con ruedas que entran y salen rodando, sin necesidad de grúas) elimina cientos de miles de kilómetros en carretera y un portacontenedores de gran capacidad puede sustituir miles de camiones. Un ejemplo: uno portacontenedor de 18.000 TEU equivale en carga a 9.000 camiones o 200 trenes, con cero emisiones internas en tránsito.

A nivel de capacidad y conectividad, las autopistas del mar conectan puertos clave con la red transeuropea de transporte (TEN-T), facilitan el cabotaje nacional de las Islas Canarias y Baleares con la península (el transporte de mercancías o pasajeros entre puertos de un mismo país) y los enlaces estratégicos con África o el norte de Europa. En España, además, los puertos atlánticos (Bilbao, Santander y Gijón) y mediterráneos (Valencia y Algeciras) ya están integrando rutas que hasta ahora solo eran posibles por tierra o aire.

Solo en el Port de Barcelona, las autopistas de mar consiguieron en 2018 retirar más de 148.000 camiones de las carreteras, lo que se tradujo en menos accidentes, circulación más fluida y menos emisiones.

Actualmente, a escala global, el transporte marítimo mueve cerca del 80% del comercio mundial y es el medio más eficiente por tonelada-kilómetro. En la UE, el transporte marítimo de corta distancia representa en torno al 60% del total de mercancías transportadas por mar, con más de 1.600 millones de toneladas anuales.

El resultado, según datos de un estudio de 2022 de la Comisión Europea y Anave (la Asociación de Navieros Españoles), es una reducción sistemática de emisiones y un ahorro en gasto energético: embarcar un camión en un ferry emplea mucho menos combustible por camión que recorrer cientos de kilómetros por carretera.

Para las empresas de transporte, implica menores gastos en mantenimiento de flotas y peajes, al tiempo que mejoran la regularidad de entrega. Además, impulsa la competitividad de la industria marítima europea, ya que los buques y puertos se actualizan (LNG -gas natural licuado-, motores híbridos, operaciones automatizadas…), creando, a su vez, empleo de alto valor tecnológico.

El traslado de mercancías por mar también equivale a mejorar la calidad de vida en las ciudades. Según explica la Presidenta del Port de Barcelona, Mercè Conesa, “con unas autopistas del mar más sostenibles se lucha contra un problema tan grave como el cambio climático, porque permiten respetar y cuidar la ciudad”. “Menos camiones en las vías urbanas significa menos ruido, menos accidentes fatales y mayor seguridad para peatones y ciclistas”, añade. Además, la modernización de los puertos (uso de cogeneración, energía renovable, trenes logísticos…) dinamiza los empleos locales, como construcción naval, electromecánica portuaria o servicios de logística multimodal. En resumen, remarca Conesa, la alternativa marítima “da un impulso económico y ecológico y es la base de la llamada economía azul, ya que, sin unos océanos sanos, no hay posibilidad de desarrollar ningún otro tipo de vertical de la economía marina”.

Autopistas del mar: cambiar asfalto por olas para reducir el impacto ambiental

Foto: Anave.

Economía azul e impulso al turismo marítimo

Las autovías del mar también impulsan el turismo. En el Mediterráneo español, las rutas de ferry conectan la península con Baleares en trayectos de 5 a 8 horas, permitiendo viajar con vehículo y ofreciendo una alternativa al avión.

El turismo marítimo genera impacto económico en destinos costeros y, gracias a nuevas tecnologías, reduce su huella ambiental. Los ferris modernos incorporan mejoras energéticas y emiten menos CO₂ por pasajero que el transporte aéreo.

Más allá del transporte, emprendedores e innovadores marinos ya están traduciendo estas conexiones en acciones positivas para los ecosistemas. La economía azul abarca desde energías renovables offshore hasta acuicultura sostenible, pero destacan especialmente los proyectos de regeneración marina. Empresas como ECOncrete han desarrollado hormigones “biopotenciadores” que, al usarse en puentes o muelles, fomentan la vida marina. Un kilómetro de su hormigón especializado equivale al carbono absorbido por cien árboles, según cálculos de Paolo Tedone, responsable de Negocio en el Sur de Europa de esta startup.

El uso de las autopistas del mar supone una reducción sistemática de emisiones y un ahorro en gasto energético: embarcar un camión en un ferry emplea mucho menos combustible que recorrer cientos de kilómetros por carretera.

Otras empresas como Ocean Ecostructures (Barcelona), fabrica estructuras marinas de carbonato cálcico con su tecnología Lifeskin con el objetivo de crear nuevos hábitats marinos. Según explica su cofundadora, Mireia de Mas, “diseñamos desde micro escollos a paredes verdes que permitan el crecimiento o atracción de bienes ecosistémicos que habían desaparecido, generar riqueza y mejorar la calidad de vida de las comunidades. Es decir, transformamos espigones o pilas de muelle en jardines submarinos donde vuelven corales, moluscos y peces”.

También iniciativas como Underwater Gardens nacen con la idea de regenerar los ecosistemas marinos mediante arrecifes artificiales diseñados con tecnología avanzada y criterios científicos. Para ello, aplican modelado computacional para optimizar la restauración de arrecifes, buscando que el turismo costero sea regenerativo. En el caso de Coral Vita (Bahamas), cultiva corales en granjas terrestres para repoblar arrecifes degradados, protegiendo así recursos turísticos y alimentarios. Como dice uno de sus fundadores, “debemos empezar a considerar a los arrecifes de coral como una infraestructura”.

Sin duda, el auge de estos proyectos demuestra que la visión de negocio y naturaleza son compatibles. El High Level Panel for a Sustainable Ocean Economy –el Panel de Alto Nivel para una Economía Oceánica Sostenible, una iniciativa de líderes mundiales que trabaja para impulsar una economía oceánica sostenible en la que la protección efectiva, la producción sostenible y la prosperidad equitativa vayan de la mano– propone proteger al menos un 30% de los océanos para 2030, y la UE lo respalda a través de su Green Deal. Cada nueva ruta de ferry, cada puerto sostenible y cada tecnología azul aplicada es un paso hacia mares más limpios y comunidades costeras más prósperas.

Y es que, las autopistas del mar son hoy más necesarias que nunca. Unas carreteras abarrotadas, la cada vez mayor escasez de camioneros profesionales y las metas climáticas europeas exigen cambiar el ‘chip’ logístico. La evidencia apunta a que integrar la navegación en la cadena de suministro no solo es posible, sino rentable y ecológico al descongestionar carreteras y cuidar el medio marino al mismo tiempo.

Empresas, puertos y gobiernos coinciden: reforzar las conexiones marítimas de corta distancia convierte al Mediterráneo en un escaparate del transporte inteligente. En palabras de Mercè Conesa: “los derechos de la ciudadanía son importantes, pero también respetar y cuidar la ciudad, lo que en el ámbito marino supone apoyar rutas y tecnologías limpias”. “Desde el punto de vista económico, turístico, medioambiental y social, las autopistas del mar aportan un pasaje verde hacia un futuro más sostenible y competitivo”, concluye la presidenta del Port de Barcelona.

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