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Los mercados privados prueban que la sostenibilidad crea valor real
Durante años se ha hablado de sostenibilidad en los mercados financieros como un compromiso moral o una cuestión reputacional, pero, hoy en día, los datos dicen otra cosa. En los mercados privados (donde los fondos de inversión adquieren compañías, las gestionan durante varios años y luego las venden o sacan a bolsa) la sostenibilidad se está convirtiendo en una fuente medible de creación de valor.
El estudio Sustainability in Private Markets elaborado por Boston Consulting Group y la ESG Data Convergence Initiative (EDCI) en octubre de 2025 es una de las bases más sólidas que existen para afirmarlo. Reúne información real de más de 9.000 empresas de cartera gestionadas por 320 fondos de capital privado en todo el mundo. Su objetivo es comprobar qué impacto tienen las medidas ambientales, sociales y de gobernanza (ASG) en los resultados empresariales.
Los datos son concluyentes: las gestoras que integran la sostenibilidad en sus planes de negocio obtienen un aumento medio del 4% al 7% en el ebitda durante el tiempo que mantienen las empresas en su cartera. El ebitda es un indicador que refleja la rentabilidad operativa de un negocio, es decir, cuánto gana antes de descontar impuestos, intereses y amortizaciones. En otras palabras, muestra si las mejoras en eficiencia o productividad se traducen en resultados reales.
Este crecimiento no se debe a efectos coyunturales ni a medidas aisladas, sino a decisiones sostenidas de gestión como consumir menos energía, reducir emisiones, mejorar la seguridad laboral o retener talento. Lo relevante es que todo esto se traduce en cifras. Los fondos que trabajan con objetivos claros y métricas comparables consiguen reducir costes, aumentar ingresos y disminuir riesgos operativos o regulatorios.
Una de las claves para poder afirmarlo es la existencia de una base común de datos. La ESG Data Convergence Initiative (EDCI) nació para estandarizar la forma en que los fondos de capital privado miden y reportan la sostenibilidad. Hasta hace pocos años, cada gestora utilizaba sus propios indicadores, lo que hacía imposible comparar resultados, pero la EDCI ha cambiado eso. En la actualidad, cientos de fondos y miles de empresas reportan anualmente un conjunto de métricas comunes que se revisan y agrupan para construir un benchmark global del sector.
Gracias a este marco, el informe permite identificar dónde se está generando valor sostenible dentro de las carteras y qué factores explican ese rendimiento diferencial.
Descarbonizar para competir mejor
Uno de los hallazgos más claros del estudio es el avance en estrategias de descarbonización. En solo un año, la proporción de empresas privadas con un plan formal para reducir su huella de carbono ha pasado del 47% al 54%, y el porcentaje de compañías con objetivos de corto plazo también ha crecido. Son planes que van más allá de las declaraciones: se centran en reducir consumos de energía, modernizar instalaciones o contratar electricidad de origen renovable.
Las cifras reflejan progreso, pero también realismo. Aunque todavía son menos las empresas que han fijado metas de neutralidad climática a largo plazo, las mejoras operativas se multiplican. Entre 2023 y 2024, la intensidad de emisiones (CO₂ por unidad de actividad) se redujo un 5,6% en las empresas privadas, frente a menos del 2% en las públicas. Esta diferencia se explica por la capacidad de los fondos para actuar directamente sobre las operaciones de sus participadas, ya que pueden financiar proyectos de eficiencia, negociar contratos energéticos o cambiar procesos industriales sin la presión trimestral del mercado.
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La tendencia se refuerza con la duración de la inversión. Las compañías que llevan más de cuatro años bajo propiedad privada utilizan, de media, un 17% de energía renovable, siete puntos más que las que acaban de incorporarse a una cartera. En Europa, donde la regulación climática y la presión comercial son mayores, más de la mitad de las empresas privadas cuentan con estrategias activas de descarbonización. Los sectores con más exposición (industria pesada, transporte o energía) también lideran el avance.
El estudio identifica cuatro factores que explican estos resultados: priorizar las oportunidades con retorno rápido, integrar la sostenibilidad en el plan de creación de valor, apoyar a las empresas en la ejecución técnica y establecer metas y responsables claros. En otras palabras, tratar el clima como una palanca de gestión, no como un compromiso declarativo.
Las gestoras que integran la sostenibilidad en sus planes de negocio obtienen un aumento medio del 4% al 7% en el ebitda durante el tiempo que mantienen las empresas en su cartera.
Las personas como activo económico
El informe también demuestra que la sostenibilidad social genera valor. Las empresas participadas por fondos privados crearon más empleo entre 2023 y 2024 que las públicas comparables: 4,7 nuevos puestos por cada 100 empleados frente a 1,2. No se trata solo de crecer, sino de hacerlo de manera más estable y con equipos más comprometidos.
La diversidad y la escucha interna avanzan con la misma dirección. En 2024, ocho de cada diez empresas privadas con más de dos años de tenencia contaban con al menos una mujer en la alta dirección, y seis de cada diez en el consejo. Además, el 74% de las compañías realizaron encuestas internas para medir la satisfacción de sus empleados, frente al 58% de 2021.
Ese seguimiento permite observar un vínculo claro: las empresas con menos accidentes laborales obtienen mejores niveles de satisfacción de sus empleados, medidos a través del Employee Net Promoter Score (eNPS), un indicador que evalúa la disposición de las personas a recomendar su lugar de trabajo. En los sectores con más accidentes, las compañías que están en el tercio con menos incidentes tienen puntuaciones de satisfacción significativamente más altas.
Mayor satisfacción y menor rotación implican menores costes de formación y sustitución, menos accidentes reducen los gastos de seguros y bajas, y equipos más estables mejoran la productividad.
BCG complementa estos datos con estudios propios que muestran que los empleados que disfrutan de su trabajo reducen a la mitad la probabilidad de marcharse y contribuyen a aumentar los ingresos de las compañías con mejor clima laboral. En los fondos que aplican estos enfoques, el bienestar deja de ser un valor blando y se convierte en una estrategia de eficiencia.
La sostenibilidad social también genera valor. Las empresas participadas por fondos privados crearon más empleo entre 2023 y 2024 que las públicas comparables: 4,7 nuevos puestos por cada 100 empleados frente a 1,2.
Datos comparables y reglas comunes
Uno de los mayores cambios que revela el informe es que los mercados privados están empezando a hablar un idioma común en sostenibilidad. La EDCI funciona como una base de referencia compartida para medir y comparar resultados entre gestoras, sectores y regiones. Esa convergencia ha permitido pasar de relatos cualitativos a datos verificables.
La tercera edición del benchmark muestra que la integración de criterios ASG ya no se limita a unas pocas gestoras pioneras: se ha extendido a carteras de todos los tamaños y geografías. Las métricas de sostenibilidad se incorporan a los informes financieros y a las revisiones periódicas de desempeño con la misma seriedad que las variables económicas.
Los inversores institucionales (los llamados LPs o limited partners) están utilizando estos datos para evaluar de manera homogénea la gestión de los fondos, asignar capital y exigir progresos medibles a lo largo del tiempo.
El contexto regulatorio también impulsa este movimiento. La aplicación de la Directiva de Información Corporativa en Materia de Sostenibilidad (CSRD) y las normas de divulgación SFDR y SDR en la Unión Europea están elevando el estándar de transparencia en toda la cadena de inversión. Aunque el informe de BCG no entra en detalle legal, sí refleja que las gestoras que ya han adoptado marcos compatibles con estos estándares cuentan con una ventaja competitiva clara: pueden ofrecer a sus inversores información más completa y fiable.
La lectura que dejan los datos es sencilla y contundente. En los mercados privados, la sostenibilidad ha dejado de ser un discurso de propósito para convertirse en una práctica de gestión. Las empresas que reducen consumos y emisiones, cuidan a su gente y reportan con rigor no solo mejoran su reputación, sino que también mejoran sus resultados.
