Cuando la igualdad se atasca: el trimestre de trabajo que las mujeres no cobran

Cuando la igualdad se atasca: el trimestre de trabajo que las mujeres no cobran

La última edición del Índice de Igualdad de Género del Instituto Europeo de la Igualdad de Género, publicada en diciembre, ofrece una imagen clara y a la vez incómoda. El organismo europeo resume la brecha salarial con una metáfora muy gráfica, según la cual las mujeres necesitan trabajar alrededor de quince meses y medio para ganar lo mismo que los hombres en un año. Propone que las empresas utilicen este índice como una herramienta estratégica y tablero de mando para mejorar sus criterios ASG.

El Índice de Igualdad de Género 2025 asigna a la Unión Europea una puntuación de 63,4 puntos sobre cien. Es una mejora de 10,5 puntos respecto a 2010, lo que confirma una trayectoria de avance constante, aunque lento.

Al mismo tiempo, el Instituto Europeo de la Igualdad de Género advierte de que, con esta velocidad, la igualdad plena se alcanzaría dentro de al menos cincuenta años, de modo que los progresos que hoy se celebran no bastan para cerrar las brechas en una generación.

La brecha en ingresos se ha convertido en el símbolo más visible de ese retraso. En el conjunto de la Unión Europea, las mujeres ganan de media alrededor del 77% del ingreso anual de los hombres, lo que se traduce en esos quince meses y dieciocho días de trabajo necesarios para igualar el salario masculino.

Los servicios de comunicación del Instituto han adoptado la expresión “trimestre fantasma” para referirse a ese periodo de tres meses y medio que no aparece en la nómina, pero sí en la cuenta corriente y en la futura pensión. Desde alrededor de la segunda mitad de noviembre, cualquier mujer europea que sigue trabajando hasta fin de año lo hace, en términos relativos, como si no cobrara.

Un índice renovado para una realidad social más compleja

La revisión metodológica del Índice (que se construye a partir de seis grandes ámbitos o dominios) en su última edición no es un retoque menor. El documento de 2025 explica que se han actualizado fuentes, redefinido varios indicadores y puesto más foco en la trayectoria de cada Estado miembro. El resultado es una fotografía más afinada y menos complaciente de la igualdad en Europa.

En el dominio de trabajo, el índice se sitúa en 69 puntos y muestra una participación creciente de las mujeres en el mercado laboral, pero también una diferencia clara en empleo equivalente a tiempo completo, del 44% en el caso de las mujeres frente al 59% de los hombres.

En dinero, la puntuación de 73 puntos refleja avances, aunque persiste una brecha de ingresos respecto al salario anual masculino y una brecha en pensiones en torno al 25%, pese a haberse reducido en los últimos años.

En el dominio de conocimiento, las mujeres superan con claridad el objetivo europeo de educación superior, pero el índice señala que continúan concentradas en áreas de estudio menos valoradas en términos salariales y de poder económico.


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En tiempo, la puntuación de 65 puntos prácticamente no ha cambiado desde 2015 y los datos muestran una distribución muy desigual del trabajo doméstico y de cuidados, con dos de cada tres mujeres realizando tareas domésticas a diario y un mayor volumen de horas dedicadas al cuidado informal de menores.

Poder sigue siendo el dominio más débil, con 40 puntos, aunque es el que más ha mejorado gracias al aumento de la presencia femenina en órganos de decisión, en particular en consejos de empresas cotizadas que han aplicado cuotas.

La salud se mantiene como el ámbito con mejores resultados, con 86,2 puntos, pero el Índice advierte de un descenso en la esperanza de vida en buena salud a partir de los 65 años y de una percepción de salud algo peor entre las mujeres.

Además, el informe recuerda que alrededor de un 31% de las mujeres adultas en la Unión Europea ha sufrido violencia física o sexual y que esta realidad, junto con las desigualdades interseccionales, condiciona los avances en el resto de dominios. En conjunto, el Índice dibuja un avance real, pero apoyado sobre una estructura que sigue castigando el tiempo, los ingresos y la seguridad de las mujeres.

Desde mediados de noviembre, cualquier mujer europea que sigue trabajando hasta fin de año lo hace, en términos relativos, como si no cobrara.

España: buen puesto, pero riesgo de autocomplacencia

En la foto europea, España aparece en la parte alta del cuadro con casi 71 puntos (70,9) y la cuarta posición, por encima de la media comunitaria. La prensa que ha analizado el Índice destaca que el país se encuentra entre los que más han aumentado su puntuación desde 2015, gracias a un impulso sostenido en políticas de igualdad, violencia de género, transparencia salarial y representación equilibrada en órganos de decisión.

Este buen resultado convive con varias paradojas. Las mujeres españolas superan de largo los objetivos de educación terciaria y constituyen la mayoría en títulos universitarios, pero la concentración en campos de estudio feminizados limita su presencia en sectores mejor pagados y en posiciones de mayor influencia económica.

En términos salariales, España encaja en el patrón europeo general que recoge el Índice y la información disponible para el conjunto de la Unión sirve también para describir la situación de las trabajadoras españolas, que a partir de la segunda mitad de noviembre trabajan, en términos relativos, como si no cobraran.

El reparto del tiempo refuerza esta desigualdad. Los datos europeos muestran que las mujeres asumen mucha más carga de tareas domésticas y de cuidados.

Aunque España presenta cifras positivas en presencia femenina en el Parlamento, el Gobierno y los consejos de administración, el Índice y su lectura mediática recuerdan que la igualdad no avanza al mismo ritmo en todos los ámbitos y que sectores como el deporte, determinadas organizaciones empresariales o algunas profesiones siguen mostrando una representación desequilibrada.

En este contexto, el liderazgo de España en el ranking europeo no equivale a tarea terminada. Más bien señala un entorno en el que las empresas operan bajo un nivel de exigencia social y normativa alto.

La brecha salarial, la carga de cuidados y las diferencias en pensiones continúan presentes y el avance en órganos de decisión se ha logrado, sobre todo, a través de medidas legales concretas.

Con una puntuación de 70,9, España lidera el progreso comunitario, pero se enfrenta al reto de superar la autocomplacencia.

Del índice al tablero de mando social de la empresa

Para una compañía que quiere tomarse en serio la dimensión social de su estrategia ASG, el Índice de Igualdad de Género 2025 es algo más que un marco estadístico. Su propio diseño ofrece una guía para construir indicadores internos más sólidos.

Las puntuaciones por dominio, los ejemplos de brecha en ingresos, cuidados o poder y la comparación entre Estados miembros permiten situar los datos de cada empresa en un contexto que ya es conocido por reguladores, inversores y opinión pública.

El punto de partida consiste en utilizar el Índice como referencia externa. Una empresa que opera en España sabe que lo hace en uno de los países con mejores resultados de igualdad, pero también en un entorno donde las mujeres siguen ganando menos, asumen más cuidados y acumulan menos pensión.

A partir de esta base, puede revisar su propia fotografía con la misma lógica del índice. En el ámbito del dinero, la comparación entre la brecha salarial ajustada, las diferencias en retribución variable y las curvas de carrera interna con la referencia europea del 77% de ingreso femenino ayuda a calibrar hasta qué punto la compañía está realmente por encima o por debajo del contexto.

En el ámbito del tiempo, las evidencias europeas sobre quién asume más tareas domésticas y de cuidados ayudan a leer mejor los patrones internos de uso de excedencias, reducciones de jornada o teletrabajo según sexo y nivel profesional.

El dominio del trabajo y el del poder pueden convertirse también en una plantilla de análisis. El Índice utiliza la tasa de empleo equivalente a tiempo completo, la presencia en ocupaciones mejor pagadas y la representación en órganos de decisión para evaluar el progreso. Las empresas pueden replicar esa lógica midiendo la distribución de mujeres y hombres en funciones clave, en proyectos estratégicos y en la cadena de mando, desde la base hasta el comité de dirección.

Para traducir este diagnóstico en acción, resulta útil apoyarse en materiales específicos. El Manual for effective gender equality action plans and indicators, elaborado en el entorno de la Comisión Europea en 2025, propone un enfoque sistemático para diseñar planes de igualdad con metas claras, indicadores medibles y responsabilidades asignadas.

El documento insiste en la importancia de fijar objetivos concretos, combinar datos cuantitativos y cualitativos y revisar periódicamente los avances. Aunque está pensado para el sector público, ofrece pautas que encajan bien con el tipo de información que el Índice pone sobre la mesa y que las empresas pueden adaptar a sus realidades.

En este escenario, el Índice de Igualdad de Género 2025 deja de ser únicamente una escala que ordena países para convertirse en un tablero de referencia frente al que contrastar la propia práctica empresarial.

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