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Cameron Díaz en la película ‘The Holiday’ en la que las protagonistas intercambian sus casas para unas vacaciones.
Intercambio de casas, una alternativa de turismo sostenible y económica
Las emisiones de CO2 asociadas al turismo mundial crecen al trepidante ritmo del 3,5% anual –más del doble de la tasa de crecimiento de la economía mundial– y alcanzaron las 5,2 gigatoneladas en 2019, lo que supone el equivale al 8,8% de las emisiones mundiales totales de gases de efecto invernadero, según datos de un informe realizado por la Universidad de Queensland (Australia), publicado en diciembre de 2024 en la revista Nature Communications. A partir del análisis de datos de 175 países registrados entre 2009 y 2020, los autores mostraron que el turismo es uno de los principales responsables de las emisiones globales de carbono, en gran parte porque el aumento de esta actividad no es equilibrado con respecto a las lentas mejoras en materia de eficiencia tecnológica.
Según este estudio, cada dólar ganado en el sector turístico generó 1,02 kg de emisiones globales de gases de efecto invernadero, aproximadamente cuatro veces más que el sector de servicios, y un 30% más que la economía global. La mayoría de las emisiones netas fueron generadas por el transporte aéreo y el uso de vehículos privados por parte de los viajeros. Según advierten los responsables de este estudio, si se mantiene la misma tasa de crecimiento en años futuros se espera que las emisiones del turismo se dupliquen cada 20 años.
“Los viajes son parte integral de nuestra sociedad y la gente tiene un fuerte deseo de viajar, así que no creemos que este fenómeno social cambie en el corto plazo y, por lo tanto, anticipamos un crecimiento sólido de la demanda de viajes en los próximos años”, concluye este análisis. “En un escenario en el que todo siga igual, esto significa que es probable que las emisiones del turismo crezcan a un ritmo similar (3,5% anual) entre 2024 y 2030”, advierten en este sentido los investigadores.
La huella de carbono de los turistas
“Como participantes de la industria turística y empresa comprometida en el sector, creemos que en gran parte somos responsables de estas cifras y, por ello, estamos tomando medidas para reducirlas”, explican desde HomeExchange, la mayor plataforma de intercambio de casas en el sector turístico a nivel mundial. En colaboración con OuiAct, consultora especializada en estrategias climáticas, han realizado un estudio de impacto ambiental de los hábitos de su comunidad –viajeros que eligen este tipo de alojamiento—y las emisiones relacionadas con sus desplazamientos. El objetivo ha sido comprender a fondo la huella de carbono que dejan los viajeros y, así, poder modificar sus hábitos.
Para realizar este estudio HomeExchange partió de cinco tipos de emisiones generados por los viajes turísticos y vacacionales y de los datos de la Ademe (Agencia francesa para la Gestión del Medio Ambiente y la Energía). También realizaron una encuesta entre sus miembros para obtener datos adicionales de 10.000 encuestados. Después, utilizaron estos datos para calcular la huella de carbono de distintos tipos de vacaciones, centrándose en las emisiones de carbono procedentes del transporte, el alojamiento, la alimentación, los residuos y las actividades turísticas en destino.
Los resultados fueron claros: si bien el intercambio de casas es una de las opciones de alojamiento con menores emisiones de carbono (después de la acampada en tienda de campaña), el tipo de transporte y de actividades realizadas son las que tienen un impacto más significativo en la huella de carbono de los turistas.
Si se mantiene la misma tasa de crecimiento, las emisiones del turismo podrían duplicarse cada 20 años (Universidad de Queensland).
Los principales medios de transporte de la comunidad de HomeExchange son el avión (45%) y el coche (44%): actuar sobre el medio de transporte y la distancia son, por tanto, la principal forma de reducir la huella de carbono de la comunidad. Las actividades turísticas son la segunda vía más importante para reducir las emisiones durante un viaje y pueden suponer hasta el 62% de la huella total. Los hábitos alimentarios y la gestión de residuos tienen un impacto relativamente pequeño en la huella de carbono total, pero pueden contribuir significativamente a la huella individual de un viajero cuando elige un modo de transporte bajo en carbono, como el tren. En materia de residuos los homeexchangers son especialmente sensibles a su correcta gestión, algo que, aunque supone una pequeña parte de la huella de carbono, sigue siendo un problema crucial para la conservación de la biodiversidad.
“Estamos convencidos de que, como empresa del sector turístico, tenemos la responsabilidad de tomar medidas para reducir estas cifra, pero, a la vez, debemos permitir que la gente viaje y desconecte de la rutina, algo imprescindible de cara a nuestra salud mental y física”, explica Pilar Manrique, portavoz de HomeExchange en España,.
Desde una perspectiva meramente económica, el intercambio de casas supone un ahorro significativo en los gastos de viaje, ya que permite a los viajeros invertir los recursos que normalmente destinaría al alojamiento a otras actividades locales, como disfrutar de la gastronomía, el ocio o las compras –algo que además beneficia directamente a las economías locales— y supone un menor impacto en el entorno que visita, ya que se evita la construcción de nuevos alojamientos y el aprovechamiento o nuevo uso de los ya existentes. Además, es un modelo de alojamiento que, al no implicar transacciones monetarias directas, ayuda a mitigar o reducir la especulación inmobiliaria y la gentrificación en zonas turísticas, favoreciendo así una distribución más equitativa de los beneficios del turismo, según apuntan desde HomeExchange.
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En términos ambientales, el intercambio de casas también supone un uso más eficiente de los recursos al aprovechar viviendas que, de otro modo, permanecerían vacías durante las vacaciones o ausencia de sus propietarios. Esta práctica reduce la demanda de nuevas construcciones y la presión sobre los ecosistemas locales. Además, al fomentar estancias más prolongadas y menos itinerantes, se disminuye la huella de carbono asociada al transporte frecuente, en línea con los principios de un turismo sostenible y responsable. Según datos de HomeExchange, elegir un intercambio de casas supone un 49% menos de emisiones de carbono que alojarse en un hotel o en un complejo turístico.
Y es que, argumentan, en una casa particular se cocina de forma más sostenible, con compras y productos de proximidad, el lavado de la ropa es más racional y eficiente que, por ejemplo, en un hotel, no se fomenta el desperdicio alimentario, –como ocurre a veces en grandes complejos turísticos que ofrecen bufés o regímenes de “todo incluido”– y es más sencillo ocuparse correctamente del reciclado de los residuos.
Si nos referimos a cifras concretas, HomeExchange calculó en este estudio realizado en 2023 que el hecho de eliminar el coste de alojamiento de la ecuación del viaje reduce hasta en un 35% el presupuesto total del viaje. “El intercambio de casas siempre es gratuito, aunque previamente se paga una cuota anual de 160 euros para formar parte de la plataforma, un importe que queda compensado prácticamente con la primera noche de alojamiento”, explica a Revista Haz Pilar Manrique, que añade que, tras la pandemia, el crecimiento de la plataforma “ha sido brutal”. A finales de 2020 la plataforma contaba con unos 7.800 miembros en España y, actualmente, esta cifra ya roza los 31.000.
“Algunas de las ventajas de este tipo de alojamiento son la flexibilidad, la confianza, o la comodidad de alojarse en casas habitadas con todo el equipamiento que eso supone, y por supuesto el beneficio económico, ya que no hay penalización por anulaciones o cambios y se trata de una fórmula que, además, permite viajar fuera de los circuitos masificados, haciendo que la experiencia sea mucho más inmersiva y auténtica”, remarca la portavoz de HomeExchange.
“Algunas ventajas son la flexibilidad, la confianza y la comodidad de alojarse en casas habitadas(...). Además, es una experiencia mucho más inmersiva y auténtica”, Pilar Manrique (HomeExchange).
¿Quiénes recurren a estos alojamientos turísticos?
Actualmente a plataforma cuenta con más de 200.000 miembros en 155 países y la previsión es que este volumen siga creciendo, siguiendo la tendencia de los últimos años. El perfil principal de usuarios son las familias, con un 44% del total y, en concreto, con niños pequeños y adolescentes. De ese porcentaje, un 14% son familias con niños pequeños –parejas entre 26 y 40 años– y el resto son familias con hijos adolescentes –en este caso, entre 41 y 50 años–. “Pero hay una gran variedad de viajeros”, explica Manrique: un 27% son parejas adultas con hijos independizados –y que por tanto ya viajan solas–, un 9% son parejas sin hijos, un 8% viajeros solos y un 10% viajeros jubilados.
“En realidad es lógico que nuestros principales viajeros sean familias con hijos, no solo por las ventajas económicas, sino también por la comodidad que les supone este tipo de alojamiento por delante de los hoteles. Estos viajeros buscan casas con similares características y equipamiento que las suyas y en muchas ocasiones las casas anfitrionas cumplen con todas sus necesidades y están adaptadas para alojarse con menores (cuarto de juegos, habitaciones infantiles, espacios al aire libre con entretenimiento para ellos…)”, explica.
Manrique comenta que “la plataforma funciona de manera similar a una app de citas: los viajeros hacen match con el anfitrión o casa que más les seduce y así encuentran su hogar o alojamiento ideal”. Cada viajero cuenta con un perfil en la web y entra a buscar su alojamiento de intercambio una vez que ya ha elegido el destino, sus fechas de viaje, etc., añadiendo filtros que le ayudan en esa búsqueda (casas con piscina, céntricas, en el campo, apartamentos, casas independientes…). A partir de ahí entra en contacto con el viajero anfitrión y se realiza el intercambio, dependiendo de si el miembro anfitrión acepta o no las fechas. De esta forma, los intercambios pueden ser recíprocos o no, a la vez (mismas fechas) o en fechas diferentes. En cualquier caso, cada vez que “prestas” tu casa consigues lo que HomeExchange llama guest points, puntos canjeables que después pueden usarse para alojarse en casa de otro miembro de la plataforma en cualquier fecha y en cualquier parte del mundo.
Los principales usuarios de intercambio de casas son las familias con niños pequeños y adolescentes, aunque el perfil es amplísimo e incluye parejas sin hijos, personas solas y jubilados.
Los españoles, entre los principales usuarios
Los viajeros que forman parte de la “comunidad HomeExchange” comparten algunos valores claros: la confianza y el respeto son algunos de los fundamentales: “Todos nuestros miembros cuidan las casas en las que se hospedan como querrían que cuidaran la suya y para ello, todos pasan por diversos procesos de verificación y cuentan con valoraciones en la plataforma que pueden guiar a otros viajeros a la hora de elegirles para un intercambio”, explica Pilar Manrique. De todos ellos se verifica su identidad, su domicilio, su descripción y sus valoraciones, sea como sea el alojamiento que ofrecen para intercambiar.
En ese sentido, aclara Manrique, “no hay equivalencias económicas a la hora de intercambiar una casa de un tipo o un tamaño por otra, aunque la plataforma sí tiene una valoración por puntos (en base a su ubicación, características, equipamiento, etc.) que se sitúa en una media de unos 150 guest points por noche”. Una vez formalizado el intercambio, no solo se intercambia la casa, también información de confianza con el anfitrión sobre lugares recomendados en la comunidad local, zonas que visitar, trucos, lugares menos masificados o únicamente frecuentados por locales, mucho más auténticos y desconocidos para el gran público.
Manrique explica que esta alternativa de alojamiento se hizo más popular a raíz de la pandemia y que “otro de los motivos del crecimiento de esta forma de alojarse tiene que ver con la cada vez mayor conciencia de los viajeros de la necesidad de viajar de forma más responsable y sostenible, utilizando casas que ya existen y pueden quedarse vacías en determinadas épocas del año, y también saliendo de las zonas turísticas más masificadas e interactuando y conociendo más a la población local. Se trata de una manera diferente de vivir el viaje, más slow, más tranquila, más inclusiva y más respetuosa con el entorno que se visita”, añade la portavoz de HomeExchange.
Los viajeros españoles ocupan el segundo puesto en cuanto a presencia en esta plataforma, solo por detrás de Francia y antes de EE. UU., que ocupa el tercer lugar. ¿Las razones?: “Los españoles somos hospitalarios por naturaleza, generosos, nos gusta mucho compartir y que la gente que llega a nuestro país y a nuestros hogares se sientan a gusto y como en casa, y eso se refleja en estos datos, amen de que España es un país muy atractivo a nivel turístico y se demanda mucho en materia de alojamientos”, explica Pilar Manrique.
“El objetivo final es mejorar el impacto del turismo en las comunidades locales, que el viajero se sienta como un habitante más, respetando a las personas y los lugares, y que ese impacto positivo en el territorio llegue a la economía local y al sector comercial de la zona”, concluye la portavoz de HomeExchange.
En definitiva: una apuesta por un turismo de proximidad, más auténtico y enriquecedor para las comunidades anfitrionas, que fortalezca los lazos culturales y sociales entre visitantes y residentes y con el menor impacto ambiental posible. Este es el turismo del futuro: más consciente, sostenible y conectado con el entorno.