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La OCDE evalúa los ‘ratings’ ASG: ¿es oro todo lo que reluce en sostenibilidad?
Las métricas ASG (medioambientales, sociales y de gobernanza) forman la base de los llamados ratings ASG, habitualmente presentados en forma de puntuaciones o rankings y se han convertido en instrumentos esenciales para dirigir grandes flujos de capital hacia actividades más sostenibles y socialmente responsables. Sin embargo, tal como revela el informe de la OCDE, la transparencia, la coherencia y la solidez de estas valoraciones no son siempre tan altas como se podría esperar.
Aunque su influencia en el mercado es indudable, el análisis advierte sobre la existencia de ciertas áreas críticas que aún no reciben suficiente atención o que se evalúan de forma desigual. Asimismo, cuestiona si las métricas actuales están realmente diseñadas para reflejar con precisión los resultados concretos en sostenibilidad.
En este contexto, es importante preguntarse cómo funcionan realmente estas herramientas, cuál es su grado de efectividad y hasta qué punto están alineadas con estándares internacionales de conducta empresarial responsable. Solo desde una comprensión más profunda es posible evaluar correctamente qué hay detrás de los ratings ASG y cómo mejorar su utilidad real para empresas e inversores.
Cabe destacar que el informe analiza ocho productos destacados de ratings ASG, seleccionados por su representatividad y diversidad metodológica, pero no identifica explícitamente a los proveedores analizados.
El desequilibrio oculto en las métricas ASG
Una de las principales conclusiones del documento es la existencia de un evidente desequilibrio en el modo en que se cubren diferentes aspectos clave de la sostenibilidad dentro de las métricas ASG. Mientras algunas áreas cuentan con una cobertura muy detallada, otras se quedan notablemente atrás.
La OCDE señala que temas ampliamente reconocidos y más desarrollados, como las emisiones de gases de efecto invernadero, la gobernanza corporativa, la ética empresarial o la gestión ambiental general, cuentan con numerosas métricas específicas para medir el desempeño empresarial. Esta abundancia refleja, en gran medida, la existencia de estándares de reporte consolidados y una mayor facilidad para recopilar información en estos ámbitos.
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Sin embargo, el informe también destaca cómo otras cuestiones esenciales, pero menos estandarizadas, como la biodiversidad y uso del suelo, la adaptación y resiliencia climática, o la relación e impactos sobre las comunidades locales, tienen muy pocas métricas disponibles para evaluar adecuadamente la actuación real de las empresas. En ciertos casos, algunas áreas clave para la sostenibilidad aparecen representadas por un número tan reducido de métricas que difícilmente pueden ofrecer una imagen significativa del desempeño empresarial.
La consecuencia directa de esta distribución desigual es que muchos de los riesgos e impactos más relevantes para las personas y el planeta podrían no estar siendo captados adecuadamente. Esto implica que algunas empresas podrían parecer sostenibles sobre el papel cuando, en la práctica, no lo son tanto. Otras, en cambio, podrían verse penalizadas por falta de métricas claras para evidenciar sus esfuerzos reales.
Este desequilibrio, señalado claramente en el documento, indica que aún existe un largo camino por recorrer para que las métricas ASG logren evaluar plenamente lo que significa ser una empresa verdaderamente sostenible.
La consecuencia directa de esta distribución desigual es que muchos de los riesgos e impactos más relevantes para las personas y el planeta podrían no estar siendo captados adecuadamente. Esto implica que algunas empresas podrían parecer sostenibles sobre el papel.
Cuando las métricas no hablan el mismo idioma
Existe otro reto importante como es la falta de comparabilidad entre distintos ratings ASG debido a las enormes diferencias en sus metodologías y enfoques.
Según el informe, la divergencia entre proveedores puede ser muy significativa. Por ejemplo, para evaluar un mismo tema como la gobernanza corporativa, un producto utiliza únicamente cuatro métricas, mientras que otro usa hasta 113 diferentes. De manera similar ocurre con aspectos ambientales: mientras un rating mide las emisiones de gases de efecto invernadero con solo una métrica general, otro producto llega a emplear hasta 47 indicadores diferentes para evaluar ese mismo aspecto.
Estos ejemplos muestran claramente por qué una misma empresa puede recibir calificaciones muy distintas según el rating utilizado. Una metodología puede evaluar el desempeño ambiental con un conjunto reducido y básico de criterios, mientras que otra puede realizar una evaluación extremadamente detallada y exhaustiva.
Estas enormes diferencias no son simples variaciones técnicas menores, sino reflejo de una falta profunda de consenso sobre qué indicadores reflejan realmente el desempeño sostenible.
Esto, según advierte la OCDE, dificulta notablemente la comparación entre empresas y genera incertidumbre para inversores y otros grupos de interés, limitando la utilidad real de estos ratings como herramientas fiables para tomar decisiones estratégicas.
En definitiva, el informe deja claro que, sin una mayor armonización de los criterios utilizados en las evaluaciones ASG, seguirá existiendo una notable incertidumbre sobre qué es exactamente lo que están midiendo estos ratings, restando credibilidad a un sistema que hoy es clave para la sostenibilidad financiera y empresarial.
se basan en acciones empresariales y solo un tercio, en resultados.
El riesgo de valorar esfuerzos en lugar de resultados
Otra limitación clave es que muchas de las métricas ASG actualmente utilizadas miden principalmente las acciones emprendidas por las empresas, tales como la existencia de políticas internas, adhesiones formales a iniciativas internacionales, o programas específicos que la organización implementa. Sin embargo, estas métricas no siempre reflejan el resultado real de dichas acciones sobre las personas, las comunidades o el medio ambiente.
De acuerdo con los datos presentados, alrededor del 68% de todas las métricas ASG analizadas son métricas basadas en inputs o esfuerzos empresariales, y solamente un tercio (30%) son indicadores basados en resultados o impactos concretos. Esto implica que la mayoría de las métricas valoran la intención o el esfuerzo más que el desempeño real.
Esta situación genera el riesgo, señalado explícitamente en el informe, de promover una cultura de “cumplimiento formal” en las empresas. En otras palabras, las organizaciones pueden verse incentivadas a centrarse más en cumplir formalmente con criterios específicos (por ejemplo, aprobar una política interna sobre biodiversidad) que en lograr resultados tangibles (como medir realmente cuánto han reducido sus impactos sobre la biodiversidad).
Además, esta dinámica podría favorecer injustamente a empresas grandes o multinacionales, ya que estas cuentan generalmente con mayores recursos y estructuras organizativas para producir documentación que demuestre su compromiso formal, aunque esto no siempre refleje una mejor gestión real de los impactos ambientales o sociales.
Por tanto, avanzar hacia métricas más orientadas a resultados concretos y menos basadas en formalidades será clave para asegurar que las evaluaciones ASG sirvan efectivamente como indicadores fiables del auténtico desempeño sostenible de las empresas.
Los ‘ratings’ ASG corren el riesgo de presentar como sostenibles a empresas que en realidad podrían no estar gestionando eficazmente los riesgos futuros ni cumpliendo plenamente con sus responsabilidades.
Qué queda fuera del radar
Todavía existen cuestiones cruciales de sostenibilidad que quedan fuera o tienen un peso limitado en la mayoría de los ratings ASG actuales. Aspectos esenciales como la protección efectiva de derechos humanos, la prevención de la corrupción o la gestión responsable de riesgos en la cadena de suministro reciben una atención notablemente escasa.
De hecho, menos del 7% de todas las métricas analizadas consideran explícitamente los riesgos ASG que provienen de las cadenas de suministro, lo que impide medir con claridad el desempeño completo de las empresas.
Además, la mayoría de las métricas ASG tienden a evaluar incidentes o controversias ya ocurridas, pero rara vez miden de manera rigurosa la calidad preventiva y la efectividad de las prácticas empresariales para evitar impactos negativos. Esto limita notablemente su alineación con estándares internacionales ampliamente reconocidos, como las Líneas Directrices de la OCDE para Empresas Multinacionales, que promueven una gestión preventiva y una diligencia debida basada en riesgos.
Esta situación plantea una reflexión necesaria: sin una adecuada alineación con estos estándares internacionales, los ratings ASG corren el riesgo de presentar como sostenibles a empresas que en realidad podrían no estar gestionando eficazmente los riesgos futuros ni cumpliendo plenamente con sus responsabilidades.
Mejorar la calidad y profundidad de estas métricas será clave para fortalecer su utilidad como herramientas confiables para la gestión sostenible y la inversión responsable.