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La generación Z cambia las reglas del juego en la gestión del talento
La generación Z comprende a las personas nacidas entre 1995 y 2000, caracterizadas por su familiaridad con la tecnología digital, Internet y las redes sociales desde una edad temprana. Aunque comparten ciertos rasgos con los millennials, poseen características únicas influenciadas por eventos históricos, tendencias sociales y cambios en la crianza, siendo el uso del teléfono inteligente su rasgo más distintivo. Actualmente, sus primeros integrantes están terminando la universidad o ingresando al mundo laboral, mientras que los más jóvenes enfrentan la decisión de elegir una carrera.
El interés que muestran las marcas y los expertos por el comportamiento de los jóvenes explicaría que la generación Z sea una de la más observadas y estudiadas. Para las marcas son los consumidores del futuro inmediato, además de los principales generadores de tendencias globales. Es probable que sea, junto a los millennials, la generación más observada y analizada y sobre la que mejor se conocen sus intereses, gustos y comportamientos casi en tiempo real, prácticamente por primera vez.
A pesar de las dificultades para establecer líneas o fronteras claras que nos permitan diferenciar comportamientos o hábitos que, en función de la edad, constituyan realmente una generación, sí se puede intentar llevar a cabo una mínima segmentación. Según una encuesta realizada en EE. UU. por Adecco a 1.001 estudiantes, se han identificado diferencias clave entre la generación Z y los millennials, a pesar de sus similitudes. Al analizar sus hábitos y costumbres, se observan diferencias en su percepción del entorno y en su visión del futuro. En particular, destacan contrastes en ciertos valores y en su relación con el trabajo, influenciados más por el contexto socioeconómico en el que crecieron que por el impacto de la tecnología.
Los primeros miembros de la generación Z comienzan a salir de las universidades, a incorporarse al mundo laboral y a reclamar su sitio en el mundo. Al igual de lo que ocurrió con la generación X y lo que está aconteciendo con los millennials, la llegada de los jóvenes Z a la edad adulta tendrá un fuerte impacto en la sociedad y en las empresas. Su irrupción está impulsando cambios profundos en las prácticas corporativas, poniendo el foco en la sostenibilidad, la responsabilidad social y el equilibrio entre la vida personal y profesional. Estos jóvenes son conscientes de los desafíos globales, como el cambio climático, la desigualdad social y la falta de diversidad, y esperan que las empresas no solo hablen de estos problemas, sino que actúen para resolverlos.
Y es que según un estudio elaborado por Randstad sobre qué es lo que valoran los profesionales en un empleo y cómo relacionan su vida personal con la profesional, el 56% de la generación Z y el 55 % de los millennials (nacidos entre 1981 y 1995 ) afirman que dejarían su trabajo si les impidiera disfrutar de la vida, en comparación con poco más de un tercio (38%) de los baby boomers (nacidos entre 1946 y 1964).
dejaría su trabajo si les impidiera disfrutar de la vida, frente a un 38% de los ‘baby boomers’.
Los Z en el mundo del trabajo
En el informe Generación Z: el último salto generacional, elaborado conjuntamente por Deusto Business School y Atrevia, se analiza cómo los jóvenes Z sienten preocupación por no encontrar un empleo que refleje su personalidad, la falta de oportunidades de crecimiento profesional y la posibilidad de no alcanzar sus metas a lo largo de su trayectoria laboral. Buscan entornos flexibles que les permitan equilibrar su vida personal y profesional, fomentando además su creatividad.
Por otro lado, esta generación refuerza muchas de las características de los millennials, especialmente su preferencia por la autonomía en el trabajo. Esto obliga a las empresas a ofrecerles mayor libertad, alineando sus intereses con los de la organización. Además, su familiaridad con la inmediatez y eficiencia que brinda la tecnología aumenta la presión sobre las empresas para modernizar sus procesos y mejorar su infraestructura digital.
Finalmente, las nuevas generaciones tendrán un papel clave en la gig economy, un modelo basado en trabajadores autónomos conectados en red para desarrollar proyectos colaborativos. Muchos jóvenes de la generación Z preferirán involucrarse en proyectos específicos en lugar de establecerse con un único empleador, lo que les dará mayor independencia, pero también supondrá desafíos como la inestabilidad y el riesgo de precariedad laboral.
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A medida que la generación Z se incorpora al mundo laboral, sus expectativas desafían los modelos tradicionales de trabajo y lo que esperan de las empresas, ya que también consideran muy importante los valores del sitio en el que trabajan. Según el mencionado estudio de Randstad, casi la mitad de la generación Z (49%) no aceptaría un trabajo en una empresa que no se alinee con sus valores en cuestiones sociales y ambientales, y también un 49% de estos profesionales señalaron que no trabajarían para una compañía que no hiciera un esfuerzo proactivo para mejorar su diversidad y equidad. A dos de cada cinco (42%) no les importaría ganar menos dinero si sintieran que su trabajo está aportando algo al mundo o a la sociedad.
Es evidente por tanto que las organizaciones que apuesten por entornos diversos y equitativos no solo mejorarán su reputación, sino que también lograrán atraer a un talento más amplio y comprometido con su cultura corporativa.
A medida que la generación Z se incorpora al mundo laboral, sus expectativas desafían los modelos tradicionales de trabajo y lo que esperan de las empresas, ya que también consideran muy importante los valores del sitio en el que trabajan.
La estrategia ESG en la atracción y retención de talento
En respuesta a estas expectativas, muchas empresas están incorporando estrategias ESG (ambientales, sociales y de gobernanza) para atraer y retener talento joven. La integración de estos criterios no solo busca reducir el impacto ambiental y fomentar prácticas responsables, sino que también permite a las organizaciones proyectar una imagen alineada con los valores de las nuevas generaciones.
Según un análisis de Harvard Business Review, las empresas con una fuerte cultura ESG tienen 3,5 veces más probabilidad de ser percibidas como un “lugar de trabajo deseable”. Esta percepción aumenta la lealtad y el sentido de pertenencia de los empleados. Las empresas que definen y comunican claramente sus objetivos ESG registran tasas de rotación hasta un 30% menores que aquellas sin medidas similares.
El componente ambiental es crucial para los jóvenes profesionales que buscan empresas comprometidas con la sostenibilidad. Esto incluye el uso de energías renovables, la reducción de residuos, la compensación de la huella de carbono y la implementación de prácticas ecoeficientes en sus procesos productivos.
El aspecto social también juega un papel determinante. La generación Z valora empresas que promuevan un trato justo a sus empleados, respeten los derechos humanos en toda su cadena de suministro y participen activamente en iniciativas de impacto comunitario. Adicionalmente, buscan entornos laborales saludables que prioricen el bienestar emocional y mental de sus trabajadores.
Por último, el criterio de gobernanza es un factor esencial en la percepción de una empresa. La transparencia en la toma de decisiones, la diversidad en los equipos directivos y la ética empresarial influyen en la confianza que los jóvenes profesionales depositan en sus empleadores. Las empresas que adoptan prácticas de gobernanza responsables y éticas se destacan como empleadores de referencia para las nuevas generaciones.
Las empresas que definen y comunican claramente sus objetivos ESG registran tasas de rotación hasta un 30% menores.
Buscando el talento joven
Las empresas están explorando nuevas estrategias para atraer talento joven, mostrando el día a día dentro de sus organizaciones y alineando sus objetivos con estrategias ESG. En España, varias compañías han puesto en marcha iniciativas innovadoras para atraer y retener a la generación Z, apostando por la sostenibilidad y la responsabilidad social como pilares de su estrategia de talento.
Por ejemplo, Mahou San Miguel ha lanzado su Programa Crecemos, que en su cuarta edición permite a diez jóvenes desarrollar su carrera profesional en la compañía. Este programa se centra especialmente en el talento STEM, ofreciendo oportunidades de crecimiento y aprendizaje dentro de la empresa.
BBVA ha lanzado el programa Graduate Training Programme, dirigido a jóvenes talentos que buscan desarrollar su carrera en el sector financiero. Esta iniciativa combina formación en habilidades técnicas y blandas, mentoring y oportunidades de networking. Además, BBVA integra prácticas sostenibles y de responsabilidad social en su cultura corporativa, lo que atrae a jóvenes comprometidos con el medio ambiente y la justicia social.
Repsol ha querido cambiar también su forma de relacionarse con estos prometedores talentos, lanzando su Challenge Universitario, una competición de talento que no solo permite a la empresa descubrir a jóvenes con habilidades destacadas, sino que ofrecen a la generación Z la oportunidad de mostrar sus capacidades en entornos prácticos y desafiantes. Algunos de los retos que plantean estos challenge son, por ejemplo, la búsqueda de soluciones aplicadas a la transición energética o a las energías renovables.
En este contexto nació también LAB19, un proyecto promovido por Grupo Fuertes, holding empresarial al que pertenece ElPozo Alimentación, con la finalidad de que surjan ideas nunca vistas, del tipo que sean. Es un laboratorio experimental que busca nuevas formas de progresar a partir de ideas arriesgadas que se transforman en novedosos proyectos mediante la aplicación de la inteligencia artificial y otras tecnologías emergentes. Contará cada año con una serie de programas de innovación y challenges, en colaboración con universidades, asociaciones de altas capacidades intelectuales y centros especializados para contar con ese talento joven.
Aquellas empresas que comprendan esta nueva realidad y adapten sus estrategias a las expectativas de esta generación no solo ganarán en competitividad, sino que contribuirán activamente a la construcción de un mundo laboral más equitativo y sostenible.