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El renacer de la energía nuclear
En ese ejercicio, 2023, las emisiones mundiales de CO2 alcanzaron un récord de 37.400 millones de toneladas, con un crecimiento del 0,9% sobre el año anterior, lo que significa que, a pesar de muchos esfuerzos, el mundo no consigue reducir las emisiones. Aunque, para no ser tan negativos, ese incremento anual es el menor en la última década porque la participación de las energías renovables y la mayor eficiencia sí está ayudando a la moderación de la contaminación uso de las fuentes más sucias. El asunto es si se está haciendo con la velocidad que reclaman los principales organismos internacionales.
Más datos del informe. Solo 57 empresas son responsables del 80% de las emisiones de CO2 y 36 de estas empresas -principalmente productores de combustibles fósiles y de cemento- generaron más de 20.000 millones de toneladas. El informe concreta que 16 de esos grandes emisores son empresas públicas y que cinco de ellas -Saudi Aramco, Coal India, CHN Energy, National Iranian Oil Company y Jinneng Group- representaron casi una quinta parte de las emisiones en 2023.
Que el sector empresarial estatal sea tan significativamente responsable de tal volumen de emisiones, significa que los gobiernos de esos países no van a esforzarse en la práctica por promover un sector energético más limpio. En este sentido, Emmett Connaire, analista senior de Carbon Majors, afirma que en el mundo están creciendo los procesos judiciales por casos de responsabilidad climática contra las empresas privadas, pero las autoridades se encuentran con “el caso de las empresas públicas que no pueden ser demandadas por los gobiernos occidentales, ya que están bajo el control directo de los Estados”.
Por ejemplo, en el informe se lee que ocho empresas chinas fueron responsables del 17% de las emisiones globales en 2023, en gran parte debido a la expansión del carbón, que sigue siendo la principal fuente de energía en el país a pesar del aumento de la energía renovable durante el último año. China es el mayor emisor del mundo de gases de efecto invernadero.
Los cinco principales emisores privados -las petroleras ExxonMobil, Chevron, Shell, TotalEnergies y British Petroleum (BP)- representaron el 5% de las emisiones totales. Y algunos de ellos están revertiendo sus planes de diversificación de fuentes de energía y volviendo a la exploración del petróleo y del gas. Por ejemplo, la británica BP acaba de anunciar un giro estratégico en sus objetivos y prevé invertir 10.000 millones de dólares cada año hasta 2027 para impulsar la producción de petróleo y gas, a la vez que reducirá la destinada a la transición energética.
La principal razón de la ‘vuelta a los orígenes’ de estas compañías es la presión de sus accionistas, que quieren conseguir la rentabilidad para su inversión que la compañía que apuesta por la diversificación de fuentes de energía todavía no alcanza. El sector energético también está sufriendo la retirada de grandes inversores, como el fondo de inversión BlackRock, el mayor del mundo, precisamente porque apostar por las renovables es mucho menos rentable que seguir produciendo petróleo y gas. La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos ha servido para catalizar y acelerar este movimiento que ya se notaba en años pasados.
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La pregunta es si el mundo tiene que aceptar que será imposible conseguir los acuerdos de lucha contra el cambio climático que se comprometen en las diversas cumbres, a pesar de las voces de alarma de los expertos. Y la respuesta puede estar en la cumbre de la energía CERAWeek, cuya edición de 2025 se acaba de celebrar en Houston (Texas. EE. UU).
CERAWeek es la convención más importante de la industria energética mundial. Está patrocinada por S&P Global y en ella participan más de 7.000 representantes empresariales y gubernamentales de las empresas productoras, los grandes consumidores, y gobiernos e instituciones oficiales. En la reunión de este año, que se ha celebrado entre el 10 y el 14 de marzo, las grandes empresas han unido sus fuerzas para, por primera vez, lanzar un compromiso pionero intersectorial para enfatizar el “papel esencial de la energía nuclear en la mejora de la seguridad energética, la resiliencia y el suministro continuo de energía limpia”. El objetivo marcado es conseguir triplicar la capacidad actual de generación de energía a través de la nuclear en 2050.
Es la primera que vez que grandes empresas, más allá del sector nuclear, se unen para respaldar públicamente una “expansión extensa y concertada de la energía nuclear para satisfacer el crecimiento de la demanda energética mundial”. Y este año destaca de forma significativa la adhesión a ese compromiso de gigantes tecnológicos, como Meta, Google y Amazon, que necesitan un gran consumo de energía para sus centros de datos, imprescindibles para el desarrollo de la inteligencia artificial y sus departamentos de negocios en la nube. En este llamamiento colectivo, las empresas reconocen “la necesidad de la energía limpia, firme y abundante de la energía nuclear para impulsar su crecimiento futuro, al tiempo que cumplen los objetivos de una mayor resistencia y seguridad energéticas”.
El compromiso afirma que “la nuclear puede proporcionar energía limpia para una mayor electrificación y una variedad de actividades económicas y procesos industriales, incluyendo el sector tecnológico, las sinergias con la industria del petróleo y gas y el suministro de calor para los procesos industriales. CERAWeek reconoce el apoyo de los gobiernos, aboga por la igualdad de acceso de la energía nuclear a la financiación y espera que el compromiso firmado vaya incrementando su apoyo, reflejando el creciente interés por la energía nuclear de industrias como la marítima, la aeronáutica y la química. Hace treinta años, -el trágico accidente de Chernobil sucedió en 1986- este compromiso conjunto habría sonado como propio de lunáticos sin otro objetivo que destruir la civilización. Hoy, la energía nuclear puede ser la herramienta fundamental para construir un mundo más limpio.